Opus Dei Castilla y León

Actividades y Testimonios de miembros de la Prelatura del Opus Dei y cooperadores en Castilla y león

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Mi familia y el Camino de Santiago

Posted by opus dei valladolid en agosto 16, 2010

Me llamo Catalina y soy cooperadora del Opus Dei. Este año es “Año Santo Jacobeo”, y a mi marido y a mí nos encantaría poder hacer el Camino de Santiago.

Como por nuestras circunstancias actuales no nos es posible -pues tenemos cuatro hijos de corta edad- hemos decidido ir haciendo o adaptando el Camino a nuestras posibilidades y hacer así poco a poco algún tramo. Todo surgió un día de finales de mayo hablando con Cristina, una gran amiga mía experta y entusiasta del Camino de Santiago. Aprovechando que se acercaba ¡por fin! el buen tiempo organizamos nuestra primera etapa –en realidad un tramo de ésta- por la provincia de Palencia. El tramo elegido fue el situado entre Frómista y Revenga de Campos. Tenía que movilizar a mi familia e ilusionarles con el plan. Mi marido, Rafa, y mis cuatro hijos: Catalina de siete años, Rafa de cinco, Carmen a punto de cumplir tres y Borja de quince meses de edad. Nos acompañaron varias amigas mías que fueron una gran ayuda a lo largo de los 10 kilómetros que recorrimos. Nuestro objetivo no sólo era llegar al punto que nos habíamos propuesto con los niños “sanos y salvos”, sino que además de oxigenarnos en familia (¡algo maravilloso y muy recomendable!) queríamos que fueran conscientes en la medida de sus posibilidades de la inmensa riqueza de fe y cultura que albergan los cientos de kilómetros de esta antigua vía. De hecho, este primer tramo está salpicado de varias ermitas y “joyas” románicas en las que pudimos entrar a saludar a la Virgen María.

Nuestra segunda etapa ha sido algo más “ambiciosa”. El diez de julio escogimos la provincia de León –pensando que sería un tramo algo más sombreado…pero nos hizo bastante calor-, e hicimos el camino entre Hospital de Órbigo y una pedanía a las puertas de Astorga de nombre San Justo de la Vega. En total trece kilómetros. También nos acompañaron varias amigas mías. La anécdota de la jornada sucedió cuando quedaban tan sólo dos kilómetros para llegar a la meta y estábamos agotados y sin agua. De repente, a lo lejos y como si de una visión se tratara, vimos un chiringuito repleto de frutas y bebidas, hielo y lo que quisieras… ¡y completamente gratis! Lo llevaba un chico joven que nos contó había decidido cambiar de vida y, por ello, había dejado Cataluña hacía un año y se había asentado en un viejo y destartalado granero a la vera del Camino; otro amigo de verdad del Camino.


Lo cierto es que en estas dos salidas nos hemos percatado de que no somos unos peregrinos corrientes: en primer lugar, porque el “auténtico” peregrino parte de madrugada desde su albergue y hacia el mediodía ha alcanzado el final de la etapa. A esa hora estamos nosotros casi comenzando, pues previamente hemos salido de Valladolid habiendo asistido a misa. En segundo lugar, llamamos bastante la atención cuando nos ven tirando de una sillita doble en la que llevamos a los más pequeños. Es bonito ver cómo nos desean “¡buen camino!” e incluso se paran un rato a hablar con nosotros.

Voy a terminar parafraseando a mi hija mayor, a la que le pregunté hace poco qué era para ella el Camino de Santiago y me contestó diciendo que era un camino muy, muy antiguo por el que habían pasado millones de personas para querer más a Dios. Me encantó ¡Ah! Y por supuesto que nuestra peculiar manera de realizar el Camino sigue abierta. El próximo tramo en septiembre. Y en noviembre, queremos ir a Santiago a acompañar a Benedicto XVI.

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