Opus Dei Castilla y León

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“Santidad y croquetas”: 80 Años de las Mujeres en el Opus Dei

Posted by opus dei valladolid en febrero 12, 2010

Por Adelaida Sagarra Gamazo.
Profesora Titular de Historia de América de la Universidad de Burgos.

Medianoche en el París-Lisboa. Tres mujeres y un hombre en el mismo compartimento. Nosotras hablamos; el   empresario portugués lleva los cascos puestos. La chica rubia de melena larga que va a ver a su novio me pregunta si creo en la energía positiva. No; creer, creer…yo creo en Jesucristo. ¡Ay! ¿tú eres del Opus? pues sí, sí lo soy, después de una larga historia. Aclaro, además, que hay millones de personas que creen en Jesucristo y no son del Opus Dei. La señora escucha atenta, y el hombre se  pronuncia: “muito interesante”. Aquella noche mi relato fue largo. Hoy atrapo en estas líneas una historia más corta y más importante: sólo duró un segundo. Fue el 14 de febrero de 1930, mientras Josemaría Escrivá celebraba Misa, y supo que Dios quería mujeres en el Opus Dei. Días antes había escrito, pensando que estos eran los planes del Cielo, “¡no habrá mujeres ni de broma!”. Pero como la Obra no es de diseño propio, desde aquel martes 2 de octubre de 1928 él trabajaba según comprendía la voluntad de Dios. Cuando supo que Él contaba con nosotras -¡menos mal!- su libertad rendida se puso con fe rápida a disposición del proyecto divino. Habría  mujeres entre aquella gente corriente llamada a santificar su trabajo y recordárselo a otros, a transformar el mundo desde dentro, disfrutando, sufriendo, viviendo cristianamente, arraigados en las encrucijadas de la libertad, donde a diario se producen en el milímetro de la decisión personal los cambios kilométricos de la Historia. Tiene que haber  mujeres: buscó y encontró. Agosto de 1942, Madrid, calle Jorge Manrique, primer y único centro de mujeres del Opus Dei en el mundo. Sin problemas de espacio: son el 100%  y se llaman Lola, Encarnita y Nisa. Por esos mismos nombres Dios las llamó a esta vocación de la normalidad. Josemaría Escrivá les habla de los proyectos apostólicos universales que Dios quiere que saquen adelante. Acometieron con fe rápida. Otra vez la historia corta: basta un segundo para la confianza. Y aquello se fue haciendo realidad. Otras y otras y otras vinimos después ¿Mujeres increíbles? No, de carne y hueso. Conscientes, eso sí,  de la llamada de Dios a un amor personal en medio del mundo a través del matrimonio y la familia o directamente. Con esa fortaleza enérgica que no cede ante lo insoportable; con esa vulnerabilidad que se rompe ante una tontería…Unas veces con ternura infinita y otras con crueldad felina. Con un corazón que cuida y sirve. Con una inteligencia en la que se resuelven muchas cosas a la vez: santidad y croquetas. Con luz y sombra, santificamos el trabajo, cuidamos de los nuestros –el servicio es una actitud, no una serie de tareas- disfrutamos de la vida lo más posible, sufrimos con sentido redentor, ofrecemos la Verdad sobre el Hombre a través de la amistad profunda. Aprendemos a reír y llorar con sencillez. Y sobre todo a no tomarnos demasiado en serio la propia capacidad: el Opus es Dei. Somos miles, unidas por encima del tiempo y del espacio, unidas –repito- pero no uniformes. Somos distintas en  el color de la piel, la textura del alma, el trabajo, las aficiones, las circunstancias, la cultura, la situación y sus soluciones. Todo gracias al profundo amor a la libertad personal que en el Opus Dei se vive. Así, como Dios es Familia, luchamos por hacer de la Iglesia y de la Obra una Familia también. Y luego por “hogarizar” la Humanidad, que es el primer paso para su divinización: santidad y croquetas. Muchas mujeres de los cinco continentes viven este mismo espíritu sin pertenecer al Opus Dei: tú puedes ser una de nosotras o ser una de éstas. Si quieres, claro. Piensa que la historia del Hijo pródigo habría sido distinta si su madre hubiera estados en casa. Piensa también que la Madre de Dios, Santa María, sí estuvo en el Calvario. Contempla y saborea que su Hijo, en el momento sublime de la Cruz, lleno de sabiduría, amor, y con la infinita elegancia que Dios tiene, la llamó “Mujer”. En ella, Dios te llama. ¿No es para dar gracias a la vida?

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