Opus Dei Castilla y León

Actividades y Testimonios de miembros de la Prelatura del Opus Dei y cooperadores en Castilla y león

Archive for 23 septiembre 2009

“Me siento la mujer más feliz del mundo”

Posted by opus dei valladolid en septiembre 23, 2009

Chus Puente nació hace 32 años en Valladolid. Los valores sembrados por sus padres y el paso por el Colegio Alcazarén, obra corporativa del Opus Dei, fueron decisivos en la trayectoria de esta mujer.

20 de julio de 2009

Chus Puente nació hace 32 años en Valladolid, su padre es albañil y su madre ama de casa; aunque la vida les ha dado duro, nunca les ha faltado la alegría, y siempre han tenido el empuje necesario para sacar a sus cuatro hijos adelante. Los valores sembrados por sus padres y el paso de Chus por el Colegio Alcazarén, obra corporativa del Opus Dei, fueron decisivos en la trayectoria de esta mujer.

En toda trayectoria personal siempre hay un antes y un después. ¿Cómo era la Chus de los primeros momentos?
Mi adolescencia estuvo marcada por los vaivenes típicos de esa edad. En ella se mezclaron rebeldía y responsabilidad, fruto quizás de esa marca de libertad y respeto que mis padres procuraron imprimir en la educación que nos dieron a todos los hermanos. Mi apariencia externa llevaba a más de uno a dirigirse a mí con el apelativo de macarra, quizás por la chupa de cuero y las botas de militar que acostumbraba a vestir por aquel entonces.

Juerguista era un rato: cuando salía con la pandilla me encantaba acudir a las fiestas, bailar, y divertirme de una manera sana. Eso sí, mi vena responsable salía a relucir a la hora de llegar a casa; si quedaba a una hora con mis padres, llegaba puntual por encima de todo.

En fin, que quería vivir la vida y disfrutar de ella al máximo. Por eso, a la hora de elegir mi futuro profesional pensé en algo corto, que me facilitara ganar dinero enseguida y opté por hacer FP (Formación Profesional) Administrativo, que era lo que se llevaba.

Y Dios, ¿contaba algo en tu vida por aquel entonces?
Dios, por aquellos años, contaba muy poco en mi vida. Creía, pero a mi manera. Ahora pienso que no había en ello malicia sino, más bien, falta de formación que me llevó a no valorar los Sacramentos.

¿Qué te llevó a cambiar?
Un día, vinieron al centro donde estudiaba unas profesoras del colegio Alcazarén para hablarnos de Hostelería y Turismo. Según iban explicando parecía la profesión del futuro y a medida que nos hablaban de sus ventajas me daba cuenta de que era lo que estaba buscando (profesionalmente): algo rápido y efectivo, que me diera dinero ya.

De repente, una amiga levantó la mano y les preguntó si eran del Opus. Como con un resorte, me giré hacia ella y le dije “¿qué dices? ¿qué es eso?”, pues nunca había oído hablar de esto. Ahora, tras el paso de los años, puedo decir que ahí empezó mi cambio radical.

Pero me imagino que algo verías en Alcazarén que te llevara a plantearte la vida de otra manera. ¿Qué aspectos te interpelaron más?
El primer impacto, cuando me presenté con mis amigas en Alcazarén, fue especial: la sonrisa de la que me abrió la puerta y la sensación de encontrarme en una casa, aunque de mayores dimensiones a las habituales; para nada parecía un colegio. Más tarde, cuando me matriculé –era el curso 91/92– me ayudó mucho la tutora personal que puede elegir cada alumna del colegio. Congeniamos estupendamente y resultó para mí de gran ayuda, no sólo desde el punto de vista profesional, sino personal pues con ella fui hablando y resolviendo, en un clima de libertad, dudas que me iban surgiendo, inquietudes que me asaltaban.

Poco a poco fui descubriendo otro mundo que hasta entonces no existía para mí; empecé a ver lo de cada día desde una tercera dimensión: la espiritual. Durante ese curso Dios empezó a contar un poco más en mi vida: me acostumbré a saludarle en el oratorio, siempre que llegaba o me iba de Alcazarén; empecé a ir a Misa algún día entre semana y, sobre todo, a darle al estudio un sentido nuevo, porque al ofrecérselo a Dios empezaba a tener un valor mucho más grande del que había tenido hasta ese momento.

Y todo esto que nos cuentas, ¿no chocaba un poco con el ambiente en el que anteriormente te movías?
Claro que chocaba, y de hecho, esos primeros pasos no fueron del todo firmes; me influía la opinión que mis amigas tuvieran sobre mis decisiones. Me faltaba todavía firmeza para vivir los fines de semana con los mismos objetivos que lo hacía el tiempo que estaba en Alcazarén.

¿Qué otros aspectos ayudaron a que en tu vida se fuera dando un cambio tan notorio?
Creo que mis disposiciones empezaron a afianzarse cuando fui a Roma una Semana Santa, y en ello tengo que reconocer que hubo tres acontecimientos que me marcaron especialmente.

En primer lugar ver al Papa Juan Pablo II. Al mismo tiempo, y no se bien explicar su porqué, la emoción que me produjo conocer a don Álvaro del Portillo, entonces Prelado del Opus Dei, a quien yo no conocía. Me caló hondo su cercanía, su cariño y esa paz que irradiaba; tuve la sensación de tener a mi lado un auténtico padrazo.

El tercer hecho importante y definitivo fue el de empezar a sospechar que Dios podía querer un poco más de mí: no sólo de mi tiempo o de una visita al oratorio, sino de una entrega total como Numeraria Auxiliar.

La llamada de Dios es exigente y a veces da miedo, ¿experimentaste esa reacción ante tal circunstancia?
Sí, claro. Mi resistencia, desde un principio, fue total. Por mi cabeza pasaban otros modos de vida dentro del matrimonio; me parecía excelente traer hijos al mundo y formarlos para que se entregaran a Dios, etcétera. Con esos planteamientos intentaba justificar mi falta de respuesta total a esos requerimientos.

Allí, en Roma, visité la cripta donde descansan los restos de San Josemaría y, aunque le pedí que me ayudara a tomar una determinación con valentía, seguí retrasando la respuesta.

¿Te costó mucho dar el paso definitivo?
Un poco. Al volver de Roma pasé un año en el que, sin dejar de asistir a los medios de formación, iba dando largas a ese tema.

Además, ese verano empecé a salir con un chico y duramos hasta el 9 de enero, día del cumpleaños de San Josemaría. En ello vi claramente su mano. Después, un 25 de marzo, tuve la oportunidad de hablar con Encarnita Ortega que me contó que San Josemaría le había dicho que necesitaba un puñado de mujeres valientes para hacer el Opus Dei, me animaron a tomar, días más tarde, la decisión de pedir la Admisión como Numeraria Auxiliar.

Me atraía la idea de ser madre y de hacer de los Centros del Opus Dei un hogar. Me sentía interpelada por la posibilidad de cuidar y velar por el espíritu de familia, con cada pequeño detalle material del cuidado de la casa y de la comida.

¿Qué hay detrás de la entrega como Numeraría Auxiliar que te haya llevado a tomar ese determinación tan importante?
Mi misión, por llamarlo de algún modo, desde entonces ha sido la de poder colaborar en la lucha por alcanzar la santidad de la gente que cuido facilitándoles, al mismo tiempo,  que puedan dedicarse a la labor apostólica y profesional que tengan.

A través de mi trabajo tengo la gran suerte de servir con mil detalles pequeños a las personas que cuido a través de cosas sencillas como rezar por la persona que va a ocupar el sitio de la mesa del comedor que estoy poniendo; al hacer la comida, al limpiar la habitación o planchar la ropa tener en la cabeza a la gente que vive en ese centro o los planes que van a tener ese día… En fin, todos esos detalles que tiene cualquier madre y mujer con las personas a las que quiere, ofreciéndoselos, al mismo tiempo, a Dios.

Actualmente, ¿a qué te dedicas?
Actualmente hago compatible el trabajo de la administración con impartir la asignatura de Preelaboración en el colegio Alcazarén. Me gusta mucho dar clases, porque además de enseñar unos contenidos de cocina, intento ayudar a los alumnos a trabajar bien, valorando no solo las cosas pequeñas de orden, limpieza, etc., sino también la dimensión de servicio y trabajo en equipo, de manera que, a través de ese oficio, puedan forjarse virtudes humanas y mejorar como personas.

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“Entendí la Obra como una gran catequesis”

Posted by opus dei valladolid en septiembre 23, 2009

Elena Rodríguez

Elena Rodríguez Vargas es una vallisoletana de 38 años, la mayor de cinco hermanos. Conoció el Opus Dei con 19, a través de Alcazarén, un centro educativo del Opus Dei en Valladolid

17 de septiembre de 2009
¿Cuándo conociste la Obra?

Tenía 19 años, aunque unos años antes ya había oído hablar de ella. Mi mejor amiga y mis primas empezaron a estudiar en Alcazarén. Al ver que ellas asistían después de las clases a medios de formación cristiana, pregunté si no podría ir yo también. Me dijeron que eso era una cosa seria, y me lo tomé con responsabilidad. Por entonces lo que ya estudiaba me permitía trabajar al mismo tiempo y empecé a hacerlo en la administración de un Centro. Esos años de trabajo me ayudaron en primer lugar a poner orden en  mi vida y después a conocer mucho mejor la Obra.

¿Por qué te hiciste del Opus Dei?
Primero porque Dios lo quería, es una vocación, y lo entendí en su momento. Los acontecimientos se van entrelazando y empiezas a comprender tu vida de una forma distinta: todo encaja. San Josemaría decía que si contásemos el proceso íntimo de nuestra vocación todo el mundo juzgaría que es cosa del Cielo; yo también lo creo. A mí me costó. La pelea interior se intensificó las navidades del 93, y desde el mismo 23 de marzo, día en que don Álvaro del Portillo -el primer sucesor de San Josemaría- fallecía, hasta el 25 de junio, día en que hubiera celebrado en la tierra sus bodas de oro sacerdotales, mantuve una verdadera lucha. Al final me decidí a responder que sí a la voluntad de Dios y puedo decir que debo mi vocación a don Álvaro.

Tu comprensión de la llamada es clara, pero ¿por qué sabes que Dios lo quiere?
Porque conozco mis condiciones. Por ejemplo, es lógico que si soy coja de nacimiento, nadie me pida que compita en los juegos olímpicos corriendo los 100 metros lisos. Lo que se ve tan claro en lo físico, también se ve por dentro. Desde que tenía 16 años iba a Lourdes, como voluntaria, acompañando a enfermos; he ayudado en las piscinas; en los comedores… Ves muchas cosas; pero lo que verdaderamente me arañaba el alma no era la falta de salud, sino la falta de formación sobre la fe católica que encontraba en gente muy buena. Personalmente no siempre hacía las cosas bien, pero cuando fallaba, sabía que lo había hecho mal. En cambio, me encontré con muchas personas que no conocían siquiera que ofendían a Dios. Cuando conocí el Opus Dei, pronto entendí la Obra como “una gran catequesis” (expresión que le gustaba decir a San Josemaría) y esto calmaba mi inquietud.

Una entrega total es exigente hoy en día, ¿ha sido difícil para ti renunciar a un amor en la tierra y formar una familia?

Una vez que Dios me hizo ver que me quería en el Opus Dei, me hizo comprender que necesitaba un amor exclusivo. Esto no quiere decir que me considere autosuficiente; necesito de los demás como cualquiera; para otras personas, el matrimonio es considerado un escalón para el Cielo; en mi caso, el celibato es la rampa por donde yo lo alcanzo. En los dos casos cuesta subir, porque ganar el Cielo requiere esfuerzo.

Elena Rodríguez 2

¿Cómo descubriste que Dios te quería como Numeraria Auxiliar?

La verdad es que no me veo en otro sitio dentro del Opus Dei. El trabajo de la administración saca lo mejor de mí, y no me refiero simplemente a la habilidad manual, aunque ciertamente es una satisfacción poder hacer mejor las cosas cada día, sino a la oportunidad que ese trabajo me brinda para servir a los demás. El servicio es el núcleo de cualquier trabajo.
¿Cómo sacas lo mejor de ti misma?
Porque es una escuela de virtudes, un entrenamiento sin el que no hubiera alcanzado humanamente buena parte de lo que ahora soy. Por otro lado, lo que es más importante en la administración, se trata de un servicio directísimo a Dios. En primer lugar, por cuidar los oratorios de los centros del Opus Dei y, en segundo, porque cuidas de personas del Opus Dei. Lo realmente maravilloso de mi labor no es otra cosa que hacer familia, hacer hogar. Los que pertenecemos a la Obra tenemos la conciencia de ser familia porque lo vivimos a diario y lo comprobamos.

¿Podrías poner algún ejemplo?
Pues sí, lo palpo en lo que yo llamo “los milagros de la administración” que son esas coincidencias que hacen que seas oportuna, que des a una persona lo que realmente necesitaba en ese momento. Suceden cosas graciosas, como que venga un invitado y, sin saberlo, prepares su plato favorito; que en un cumpleaños la decoración traiga a la memoria recuerdos de infancia, etc.

¿Y ese servicio es mutuo?

Por supuesto. Cada uno en su casa aporta todo lo que puede para dar el menor trabajo posible. En los 15 años que llevo trabajando he visto como cuando llego a limpiar encuentro habitaciones recogidísimas, baños ordenados… En fin, como en cualquier familia, porque donde hay cariño todos tienen cuidado de los demás y lo demuestran a la primera oportunidad.

Para ir terminando, ¿solo te dedicas al trabajo de la administración o lo concilias con otras actividades?

El tiempo que no dedico a la administración lo invierto en la formación de gente joven. Trabajo en un proyecto educativo enfocado a preparar humana y espiritualmente a las personas que frecuentan el centro donde vivo para que el día de mañana sean buenas hijas de Dios, buenas profesionales, ciudadanas y madres de familia, si es el caso. Por descontado mi especialidad es todo lo que favorece el hacer familia. Tengo comprobado que si alguien aprende a convertir su casa en un hogar se gana a toda la familia.

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«No puedes ir a África a jugar a la coooperación, hay que aportar»

Posted by opus dei valladolid en septiembre 9, 2009

Eduardo Burgueño 2

Dejó su puesto de funcionario de prisiones hace un año y se marchó a Kinshasa, una experiencia «muy positiva» y «enriquecedora».

22 de julio de 2009
Esther Fuertes | El Norte de Castilla

El 1 de septiembre hará un año desde que el médico de familia, Eduardo Burgueño (Amusquillo de Esgueva, Valladolid, 1974) renunciara a su puesto de subdirector médico del penal de Algeciras e iniciara su labor de cooperación en la capital de la República Democrática del Congo, Kinshasa.

Ha sido un año que, aunque ha podido presentarle muchas dificultades, sobre todo a la hora de adaptarse a la mentalidad y el ritmo de vida congoleño, le ha reportado una gran experiencia, tanto profesional como personal. Burgueño está colaborando con las oenegés de la zona para mejorar la asistencia sanitaria de los ciudadanos. Uno de sus últimos proyectos es el inicio de un nuevo hospital que contará con 150 camas, cien más que Monkole, centro sanitario de referencia de la capital congoleña.

¿Cuáles son los primeros problemas con los que se encontró?
El mayor reto es adaptarte al ritmo de funcionamiento del país. Es un ritmo mucho más tranquilo. Para dar un paso lo haces de modo más lento que en Europa. La mentalidad africana es distinta. Para ir allí tienes que tener una formación profesional muy fuerte; te piden conocimientos en medicina tropical. No puedes ir allí a jugar a la cooperación, tienes que ir a aportar algo. Si estás bien preparado, tienes fuerza de cabeza y apoyo de la familia y los amigos, tendrás la certeza de que estás haciendo lo que debes.

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¿Cuál es su valoración de este primer año?
Muy positiva. Ha sido un año difícil en adaptación pero muy jugoso en entender bien las necesidades, no sólo del país, sino de la zona en la que vivo. Trabajo en un hospital, que es el de referencia en el sistema público, para casi 500.000 personas. Haberme logrado adaptar a las necesidades que tiene ese hospital ha sido un reto. Tenemos casos de malnutrición infantil, problemas de alta mortalidad materna en torno al parto, muchos casos de sida y, luego, los casos habituales de paludismo y malaria, que es la enfermedad más importante de la zona.

Sin expectativas

¿Cómo lleva la población la falta de recursos médicos?
No tienen referencias de cómo es un sistema sanitario europeo, por lo tanto sus expectativas no son altas.

¿Cómo es su día a día?
Mi prioridad es trabajar en la coordinación de proyectos de salud de Monkole para mejorar la accesibilidad a la atención sanitaria de la población. Por las mañanas voy al hospital, tenemos una reunión con el equipo médico, vemos los casos más serios o más importantes que han llegado al hospital y luego ayudo en la coordinación de distintos proyectos de salud. Uno de ellos es el programa de salud escolar, con el que ayudamos a la rehabilitación de escuelas de Educación Primaria y Secundaria y con el que hacemos visitas médicas gratuitas a 10.000 niños al año en las escuelas de la periferia de Kinshasa. Nos desplazamos en un ‘jeep’, con un equipo médico, y realizamos las visitas médicas, a parte de ayudar económicamente a la rehabilitación de las escuelas, arreglando los techos, dotándolas de pupitres, construyéndo un edificio de baños, colocarles una cisterna de agua con la que lavarse las manos… La labor más importante que ahora estoy haciendo en Monkole es la coordinación de los centros de Atención Primaria que dependen de él.

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¿En algún momento ha pensado en abandonar?
En muchos momentos te planteas qué estas haciendo tú allí, porque ves que las dificultades por las que pasa el país son difíciles; pero cuando te lo planteas, dejas pasar un fin de semana y el lunes sigues trabajando.

Por qué Kinshasa?
Conocía esta iniciativa. Monkole, el hospital de referencia de la capital, lo está sacando adelante una oenegé congoleña que se llama CECFOR, que además de la rama sanitaria tiene una rama de seguridad alimentaria para fortalecer las posibilidades de alimentación en el país, de tal modo que se está trabajando también la producción de semillas; sobre todo de verduras y hortalizas. La variedad de comida no es abundante. Es muy monótona y puede provocar, en algunas situaciones, mala alimentación. En mi barrio, antes de venirme, me he encontrado, al lado de Monkole, una familia de seis niños que, debido a la situación de paro del padre, comían mal. Eso me ha dado pie a que vamos a iniciar un programa de rehabilitación nutricional en el barrio para mejorar las condiciones de alimentación de las familias más desfavorecidas.

Muerte de gente joven


¿Qué situación le ha marcado más?

Me llama la atención el número de muertes de niños pequeñitos por meningitis. Desde el punto de vista profesional, me llamó la atención ver morirse a un anciano de tétanos, yo nunca lo había visto en España. La cobertura de vacunas contra el tétanos en España está muy extendida. Allí me he encontrado que la gente se muere de tétanos.

¿Cómo ha llevado la impotencia de no poder sanar a personas por falta de recursos?
Te tienes que acostumbrar a la muerte frecuente de gente joven. Lo bueno es que ves que lo que tú desarrollas para mejorar la accesibilidad al médico va siendo efectivo. Además ves que trabajando, poco a poco, ganas apoyo y consigues financiación para tus proyectos. Es muy bonito porque ves que lo que haces va a tener impacto real.

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AFRICA ENTRE EXPOSITORES

Posted by opus dei valladolid en septiembre 9, 2009

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Harambee participa en la 75 edición de la Feria internacional de Muestras de Valladolid.

Del 6 al 13 de septiembre, coincidiendo con las fiestas de la ciudad, se está celebrando en Valladolid la 75 edición de la  Feria Internacional de Muestras. En ella más de 430 entidades exponen sus productos y los organizadores esperan un número aproximado de 300.000 visitantes

Aunque el contenido es fundamentalmente empresarial y comercial, el recinto ferial acoge también algunas iniciativas de carácter social, asistencial o educativo. En uno de los pabellones puede visitarse el stand de Harambee, junto a los de otras asociaciones y ONG  de carácter nacional o local. Es la primera vez que Harambee se presenta en este popular acontecimiento y Jesús González Casado, uno de los voluntarios que ha organizado el stand, piensa que esta primera experiencia en la feria puede servir para    aprender a comunicar a muchas personas qué es Harambee, una iniciativa de ayuda al África subsahariana que surgió en la canonización de san Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei.

Harambee 3

Paneles informativos, folletos de Harambee, calendarios, y  carteles de exposiciones y actividades celebradas ayudan a los voluntarios y voluntarias que atienden el stand a explicar los proyectos que se están llevando a cabo y, sobre todo, a transmitir una imagen positiva de las personas del continente africano. También se emiten documentales de los premios audiovisuales de Harambee y algunos de los reportajes sobre los proyectos que se han llevado a cabo,

Nina Palacios, otra de las organizadoras, explica que en Valladolid ya hay varias actividades consolidadas de apoyo a los proyectos de Harambee: Conciertos familiares de Navidad, Carrera solidaria, rastrillo benéfico…  Además también se han celebrado iniciativas como la exposición fotográfica en homenaje a R.Kapuzcinski o la participación en debates y jornadas educativas sobre África en ámbitos universitarios, escolares o en  asociaciones variadas. Para Nina la Feria de Valladolid puede ser otro de los momentos que pueden consolidarse  y dice que todos los voluntarios están ilusionados y con ganas de aprender de esta experiencia.

S.L.

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COLEGIO MAYOR PEÑAFIEL: DE VALLADOLID A PERÚ

Posted by opus dei valladolid en septiembre 7, 2009

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Durante este verano un grupo del Colegio Mayor Peñafiel de Valladolid se desplazó  a Camaná (Arequipa) para colaborar con las iniciativas que Cáritas-Perú está desarrollando en la zona. Los trabajos consistieron en

* Clasificación y empaquetado de la ropa para la campaña sobre el friaje en la sierra en unos 300 sacos. Estos sacos fueron entregados por el personal de Cáritas en las semanas segunda y tercera de julio.
Provincia de la Unión, Distrito de Puyca.
Provincia de Condesuyos:
1) Comunidad de Pucuncho, La Capilla y Palcuyo.
2) Distrito de Cayarani.
Provincia de Castilla, Distrito de Viraco, Machaguay, Pampacolca y Tipan.

* Clasificación, limpieza y embalado de unos 4800 libros y enciclopedias y de miles de folletos en unas 140 cajas de cartón. Elaboración de un listado informático del contenido de las cajas.

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* Medicinas. Clasificación del Botiquín de Cáritas Camaná. Elaboración de un listado informático de todas las medicinas, incluyendo la cantidad de cada medicamento, su utilidad, principio activo, importancia y caducidad.

* Material variado del almacén de Cáritas. Clasificación de material médico y donaciones variadas. Elaboración de un listado informático del material.

* Material de papelería del almacén de Cáritas. Clasificación e inventariado informático del mismo.

* Preparación para su pintado de la sede de Cáritas Camaná: lijado y raspado de todo el interior de la sede. Se comenzó el lijado de los muros exteriores de la misma.

* Chacra húmeda de Iquipi (Ocoña). Desbrozado de maleza en la chacra de 5 Ha. de Cáritas Camaná.

* Chacra seca de Pampas El Huevo en Pucchun. Sembrado de plantas espinosas para limitar la chacra de 15 Ha. de Cáritas Camaná y riego de las mismas

* Proyecto de Educación Inclusiva de Discapacitados (físicos y mentales). Visita a 23 niños con síndrome de Down, autistas o con discapacidad física, acompañados por el personal de Cáritas Camaná.

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* Asentamiento humano Señor de Luren. Se impartió catequesis de Primera Comunión y de Confirmación a unos 35 niños entre 6 y 15 años, en colaboración con el Seminario Mayor “Nuestra Señora de Quilca”. Realización de juegos y concursos con los niños. Visita a unas 15 familias en sus propias casas.
Inauguración y Primera Misa en el nuevo templo del pueblo joven Señor de Luren. La pequeña iglesia es de caña y suelo de tierra y ha sido construida por los habitantes de este asentamiento. Reparto de ropa en la campaña sobre el friaje a las familias del pueblo joven junto con el personal de Cáritas Camaná.

* Pueblo joven Villa Transportes. Colaboración en las Charlas del Proyecto “Valores” en Villa Transportes (Camaná).

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