Opus Dei Castilla y León

Actividades y Testimonios de miembros de la Prelatura del Opus Dei y cooperadores en Castilla y león

Archive for 23 octubre 2008

Inauguración de Curso en el Colegio Mayor Peñafiel

Posted by opus dei valladolid en octubre 23, 2008

El jueves 16 de octubre se inauguró oficialmente el curso académico 2008-2009 en el Colegio Mayor Peñafiel. El acto fue presidido por  el Presidente del Patronato, el arquitecto Javier López de Uribe  y por la Vicerrectora de Alumnos y Empleo de la Universidad de Valladolid. Dio comienzo con la lectura de la Memoria de las numerosas y variadas actividades del curso pasado.

La conferencia inaugural corrió a cargo de Rodolfo Martín Villa, Presidente de Sogecable y de la Fundación Endesa; y vicepresidente y ministro en la etapa de UCD. Disertó sobre “Transición social, transición política”.  Su intervención resultó muy interesante para el numeroso público asistente, en su mayor parte profesores y alumnos de la Universidad.

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Entrevista al Prelado del Opus Dei

Posted by opus dei valladolid en octubre 9, 2008

Mons. Javier Echevarría, entrevistado por La Repubblica con ocasión del 80 aniversario de la fundación del Opus Dei.

03 de octubre de 2008

La Repubblica
Marco Politi entrevista a Mons. Javier Echevarría

83.000 miembros laicos 1.900 sacerdotes, una gran parte de su presencia está en Europa y América y 6.600 miembros en África, Asia y Oceanía. El Opus Dei es como una gran empresa espiritual bien consolidada. Mira hacia atrás a sus primeros ochenta años y escruta el futuro “El Opus Dei existe para recordar que Dios llama a todos a ser santos y para ayudar a vivir el Evangelio en las mil situaciones de la vida ordinaria”, explica programáticamente el Prelado Mons. Javier Echevarría. “Hace 80 años –añade– este mensaje era nuevo y revolucionario y lo es todavía hoy”. En sus viajes dice que percibe en la gente una búsqueda de “sentido ideal de la vida determinado por una esperanza que quizá no conocen. Es la búsqueda de un Transcendente del cual muchos tal vez huyen pero del que tienen tanta necesidad”.

A sus 76 años Mons. Echevarría, a pesar de su físico pequeño y frágil, juega todavía una vez por semana al tenis, escucha con pasión a Beethoven y en cuanto tiene tiempo devora libros de teología, filosofía, derecho canónico, historia de la Iglesia y literatura. El tenis le ha enseñado a devolver los reveses y los golpes liftados.

Mons. Echevarría, el Código da Vinci al final les ha servido a ustedes de publicidad, pero continúa circulando la imagen de un Opus parecido a una masonería blanca.
¿No es paradójico hablar de secretismo desde las columnas de un periódico nacional? Cada día nos llegan centenares de solicitudes de personas que buscan un encuentro directo. En www.opusdei.org ofrecemos noticias, documentos, y actualizaciones en 28 lenguas. Cualquiera que trate personalmente a un fiel de la Prelatura conoce su compromiso y su dedicación a Cristo. Para nosotros transparencia significa dejar que se vea a Jesús en la amistad y en las relaciones de la vida diaria.

Tal vez están particularmente presentes entre las clases dirigentes, influyentes, acomodadas.
En realidad la mayoría de los fieles pertenece a la clase media y muchos llegan a duras penas a fin de mes. Pero la verdadera cuestión es que cualquier profesión honrada puede ser santificada y llegar a ser la ocasión de un encuentro personal con Cristo. Nuestras actividades de formación espiritual están dirigidas a personas de todas las clases sociales.

¿Los del Opus Dei no se pasan un poco en el ansia de proselitismo?
Todos los cristianos están invitados a seguir la invitación de Jesús de convertirse en “pescadores de almas”. El apostolado y el proselitismo, entendidos como anuncio cristiano siempre respetuoso de la libertad, no son un fin en sí mismos, ni las actividades autoreferenciales de tal o cual institución. El Opus Dei no hace otra cosa que hacer eco, también en este aspecto, de la enseñanza de la Iglesia universal.

¿En qué se concentra vuestra misión hoy día?
Se modula en función de las prioridades de cada momento histórico. Dar vida a una familia es hoy un desafío grande: la casa, el colegio para los niños, el cuidado de los ancianos y de los enfermos, el ritmo de trabajo de los padres. Por eso una de nuestras prioridades es la promoción de actividades de formación cristiana para muchos padres, tanto si son fieles de la Prelatura como si no pertenecen al Opus Dei.

¿Cómo se relacionan con los ateos y agnósticos?
Estamos abiertos a todos. Las personas que tienen un alma, aunque no lo sepan o no lo quieran saber, son para nosotros amigos y hermanos, y por eso nos ponemos a su servicio, lo mismo que con todos los demás.

80 años son muchos. ¿Qué ha aprendido el Opus? ¿Qué defectos debería evitar?
Yo veo lo que he escuchado decir tantas veces a san Josemaría Escrivá, no por orgullo o soberbia: que la Obra no tendría nunca necesidad de ninguna renovación para adaptarse al mundo, porque su fin es enseñar a todos, comenzando por nosotros mismos, a santificar lo cotidiano. También en el futuro será necesario estar en el mundo. Tendremos siempre que dirigirnos a ese Dios que nunca nos abandona y nos extiende la mano, para que nosotros lo acojamos y después caminemos con su ayuda.

¿Y usted personalmente qué ha aprendido ejerciendo como Prelado?
Cada día debo aprender a rezar, aprender a ser más mortificado, aprender a servir a todas las personas que encuentro. Porque las palabras del Señor no son un simple relato, sino una realidad. Recordemos cuando Él dice: “Si habéis maltratado a los enfermos, a los pobres, a los ignorantes, entonces me habéis maltratado a Mí”.

¿Tiene algún recuerdo particular de San Josemaría?
Me impresionaba su buen humor, unido a su amor a Dios. Era un buen maestro que sabía animar y corregir, un sacerdote y un padre que se dedicaba completamente al servicio de Dios y de las almas. Pero con él también se reía y se bromeaba. En el coche cantaba canciones que trataban del amor humano, que le gustaba interpretar pensando en su amor por Dios. Una vez nos dijo que cuando se muriese le gustaría escuchar aquella canción italiana que dice: “Abrid las ventanas al sol nuevo, ya es primavera”.

América Latina, África, Asia son algunos de vuestros territorios de trabajo. ¿Qué iniciativas desarrollan allí?
A menudo se habla de la sociedad de consumo, pero no podemos olvidar que gran parte de la humanidad vive en condiciones de pobreza y de miseria. También en Occidente. La respuesta de la Iglesia ha sido siempre no solo la beneficencia sino también la educación. Por ejemplo en los Andes, en Perú, algunos fieles de la Prelatura, junto con otras personas, han creado una red de promotoras rurales: mujeres de esos pueblos hacen de educadoras para la alfabetización, higiene, las normas sanitarias básicas. En tantos países del Sur y del Norte del mundo el desafío es ayudar a la población local a asumir la responsabilidad del desarrollo de su propia sociedad.

Están presentes también en China.
Para nosotros China no es una novedad, como tampoco lo era Rusia. Muchos fieles del Opus Dei están en China como diplomáticos, ingenieros, abogados, profesores. Estos fieles son ciudadanos normalísimos, que tienen trato con muchas personas que se saben comprendidas, queridas. Y también se busca llevar la semilla de Cristo. Tenemos iniciativas de educación y de asistencia social en Hong  Kong, Macao y Cantón. Y hay sacerdotes que son llamados para ir a China continental a ayudar a otras personas.

Mons. Echevarría, ya ha sido proclamado santo Josemaría Escrivá. Ahora han comenzado el proceso de beatificación de su sucesor Álvaro del Portillo. ¿Por qué este interés en tener los propios santos?
Fíjese que no tenemos hambre de santos sino de santidad. Porque la santidad nos lleva a estar cerca del Señor, que es paz y alegría para todo el mundo. Nosotros no queremos enseñar algunos santos para decir después: mirad qué distinto es este santo. Sino para hacer ver a todos que también ellos, si quieren, pueden esforzarse por ser santos.

Traducción: Oficina de información del Opus Dei (Madrid)

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Trabajo y vida cristiana. 80 años del Opus Dei

Posted by opus dei valladolid en octubre 9, 2008

Publicado en El Diario de Burgos, 1.X.09

Andaba triscando por el Espigüete y me puse a pensar. Me tira la montaña inexplicablemente: subir prueba la resistencia; falta entrenamiento, sobra taquicardia; resulta que traes lo inútil y dejas lo necesario. El monte araña, agota, engaña –parecía cerca y fácil…- ¿entonces? Sencillo, es una atracción fatal: la montaña es preciosa; te sube donde nunca habrías llegado; te aleja de las cosas fabricadas y te introduce en las creadas por Dios. Además, arriba, ¡Cuanta belleza! Como el amor, la vocación, las creencias, la inspiración, el pensamiento y los grandes ideales la montaña pide todo, exige esfuerzo sin contemplaciones, absorbe las mejores energías, te destroza… ¡Pero te hace inmensamente feliz, porque no es un obstáculo sino un don y una oportunidad!
Me dio por pensar que los dos mayores acontecimientos de la Historia se han producido en una cumbre. No, no me refiero a las del G8, ni a Bolívar y San Martín a caballo por los Andes, ni a Aníbal Barca en elefante por los Pirineos y los Alpes. Hablo del Sinaí y del Calvario, Dios entrando en el tiempo de los hombres. Monte arriba, la Antigua Alianza con Moisés. Monte arriba, en las afueras de Jerusalén, Jesús de Nazaret por amor a los hombres y mujeres de todos los tiempos se deja conducir, extiende los brazos y entrega su libertad en una Cruz. Allí elevado cumple con su sacrificio la promesa de la Salvación, por encima del tiempo, el espacio, las limitaciones, los abandonos, las rebeldías, las traiciones, los silencios, las complicidades y las facilonerías de la Humanidad. Dios es Amor, y el Amor es Perdón, encuentro, futuro común. Cristo, Dios y Hombre, crucificado; su Madre a pie de patíbulo, los dos en la cima: “no encienden una antorcha y la ponen debajo del celemín sino sobre el candelero” (Mateo 5, 14) a la vista de todos, a mirar y a creer. A cielo abierto.
San Juan estaba allí y comprendió lo que acababa de ver, en palabras del propio Jesús “Yo, si fuere levantado de la tierra, todo lo atraeré hacia mí” (Juan, 12,33). Por eso, poner a Cristo en la cúspide de las realidades humanas para que todos los hombres puedan ser libremente atraídos por Dios es una preciosa definición de la vida cristiana en medio del mundo. A ese “monte” hay que subir para que la Redención siga llegando a los cuatro vientos de los cinco continentes. Por eso, porque este ascenso es la tarea normal de un cristiano callejero, forma parte del núcleo del mensaje que Dios confió a San Josemaría Escrivá el 2 de octubre de 1928 –hace ahora 80 años- día en que nació el Opus Dei. Esta institución de la Iglesia –Prelatura Personal desde 1982- surgió y creció para un apostolado específico: recordar a todos la llamada universal a la santidad en medio del mundo a través del trabajo –cualquier tarea honrada- y la vida cotidiana. Después de todo, hemos sido creados para crecer, multiplicarnos y dominar la tierra y todo eso es cuestión de amor.
Así, la vocación humana y divina a la realización personal trabajando es para todos. ¡Qué preciosidad!

Dios ha dejado incompleta la creación para que Vds. y yo podamos torpemente –sin ánimo de ofender- completarla con nuestras pinceladas. No, no es cuestión sólo de destreza, sino de sentido: poner lo mejor de mí -mis virtudes, mi potencial excelencia- a disposición de los demás a través de mi dedicación profesional procurando ofrecerles la Verdad revelada por Dios. Pero, eso sí, para consolidarme en el servicio, no para afirmarme en el dominio. La cumbre de las actividades humanas es para poner a Cristo, los demás ¡al Espigüete! Por eso no es un podio, ni un Nobel, ni un trofeo elitista, ni un sueldo mileurista ni todos los protocolos ISO bien cumplidos. Los cristianos somos más ambiciosos: porque amamos apasionadamente el mundo nuestro éxito profesional es la santidad y nuestra ganancia la Redención. Amas de casa, médicos, campesinos, actrices, fontaneros, deportistas, científicos o buscadores de un nuevo empleo: es cuestión de fe, esperanza y caridad. Allí donde estoy, colina o K2, que tanto da, tratar de que las cuestiones grandes o pequeñas se decidan en cristiano, desde la Verdad, con respeto a la dignidad de todos, especialmente los más necesitados; procurar traer el Evangelio al presente, a la máquina de café del pasillo de la oficina; contribuir al progreso de la sociedad en que vivo; saber ir del brazo, convivir con los que no piensan ni viven como cada uno de nosotros, que la vida cristiana no uniforma. Esta ha sido la perenne enseñanza de San Josemaría, el continuo mensaje del Opus Dei.
Y ese es el reto. Cuando intentamos trabajar mucho y bien, un Dios comprometido –“todo lo atraeré hacia Mí”-, con muchos años entregando los encargos de la carpintería a tiempo, cumplirá su Palabra esperando la libre respuesta personal. Esto es lo contrario a reducir las creencias al ámbito de lo privado. Cristo salió a todos los caminos: “Id por el mundo y predicad el Evangelio”. Sí, amigos lectores, el mejor momento siempre es hoy. Y si no parece fácil, mejor: el sendero comodón suele llevar al valle. 80 años son la plenitud de una vida humana; para una institución de la Iglesia, estar empezando, mezclar infancia y madurez. Me gusta imaginar que cuando Tenzing Norgay y Edmund Hillary llegaron al Everest no se sintieron únicos ni superiores, aunque pudieran mirar al resto 8.848 metros por encima del hombro, sino los primeros, nostalgia de que muchos otros pudieran contemplar tanta belleza. Algo así experimentó el joven sacerdote que recibió de Dios el Opus Dei y su mensaje divino y humano al servicio de la Humanidad a través de la Iglesia…la noble pasión por compartir con millones de personas la Belleza, el Bien, la Verdad y el Amor. ¡Esto es Vida! Dispuesto, eso sí, a hacer de guía, a tirar de la cordada hacia la cumbre, siempre hacia la cumbre, que es el lugar que a Cristo corresponde. Difícil, pero ya se sabe: la vida cristiana, como la montaña no es un obstáculo sino un don y una oportunidad. Hay tantas cotas como posibilidades. A Dios le gustan todas las cumbres: cuando inventó las cordilleras vio que “todo era bueno”.

Adelaida Sagarra Gamazo

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