Opus Dei Castilla y León

Actividades y Testimonios de miembros de la Prelatura del Opus Dei y cooperadores en Castilla y león

Archive for 17 septiembre 2008

100% estona y 100% burgalesa

Posted by opus dei valladolid en septiembre 17, 2008

Teresa Peña es burgalesa y vive en Estonia desde hace 12 años. Es filóloga de lenguas románicas y trabaja en la Universidad de Tallinn como profesora de español

Agosto de 2008

¿Cuánto tiempo lleva en Estonia?

Doce años.

¿Le costó mucho tomar la decisión de marcharse?

No, veinte segundos. Cuando me dijeron que el Padre había pensado en mí para empezar la labor del Opus Dei en Estonia, después de la sorpresa inicial, contesté inmediatamente que sí. Lo mismo que hago aquí, lo hago allá. De todas maneras, me dijeron que lo reflexionara con calma y total libertad antes de dar una respuesta. Tardé dos días en escribir una carta al Padre diciéndole que contara conmigo. Para mí, el mayor inconveniente era verme poca cosa ante tan gran aventura, pero pensé en el espíritu de familia de la Obra: Yo no iba sola, sino con otras cinco personas, así que unas a otras nos ayudaríamos. Más la fuerza de Dios y de la Santísima Virgen. No está mal, ¿no?

¿Es esto corriente en el Opus Dei?

Lo normal de la gente del Opus Dei es encontrar a Dios allá donde está. En este sentido, la mayoría sigue haciendo su trabajo y no cambia de lugar de residencia. Sin embargo, no podemos olvidar que hay muchos pueblos que aún no conocen a Cristo y nos reclaman. ¿Por qué no trasladarse allí a trabajar y así difundir el espíritu cristiano?

¿En qué aspectos puede ayudar el mensaje del Opus Dei al pueblo estonio? ¿Cómo se está recibiendo este mensaje?

El pueblo estonio es un pueblo trabajador, con mucho sentido artístico y creativo. Disfruta de la música, del trabajo bien hecho, de la naturaleza. Llevar a Dios todas estas realidades humanas, sencillas y nobles, es precisamente el mensaje del Opus Dei. Para ellos, al igual que para cada pueblo, ya que el mensaje de la Obra es universal, se abre un panorama más amplio y profundo. Todo aquello que hacen y aman lo pueden llevar a Dios. Actualmente en Estonia hay cooperadores del Opus Dei que son artistas, periodistas, actores de teatro, campesinos, músicos, enfermeras, cocineros, empresarios, etc.

¿Cómo se sintió recibida?

Con sorpresa. Cuando yo llegué hacía poco que se habían abierto las fronteras tras la larga ocupación soviética. No estaban acostumbrados a ver extranjeros, y además que quisieran vivir en su país, aprender su idioma, sufrir su clima frío. La pregunta más frecuente era “miks?” = “¿por qué?” y “¿hasta cuándo os vais a quedar?”. Cuando decíamos que para siempre, sus ojos se abrían como platos o se llenaban de lágrimas. Por otro lado, al ser personas de otra cultura, causábamos interés.

¿Le costó mucho adaptarse al nuevo país?

¡Qué difícil responder! Sí y no. El frío, el idioma, su carácter más cerrado, la oscuridad del invierno… eran los puntos flacos. Su amor a la naturaleza, su talento artístico, su fino humor intelectual, su seriedad en el trabajo, su respeto hacia los demás me fueron cautivando.

¿Muchas dificultades con el idioma?

Sí, es un palo. Un palo duro de roer. Dicen que es uno de los idiomas más difíciles del mundo. Pero bueno, hasta en esto se cumple lo de que todo es ponerse.

Piensa quedarse para siempre?

Sí. Si Dios quiere, sí.

¿Se siente ya estona?

Sí. Me siento 100% estona y 100% española.

Visto desde España parece que se trata de una actividad misionera, ¿es así?

No sé. Todos los cristianos somos misioneros… o lo deberíamos ser: llevar la alegría de Dios a los que nos rodean, ampliando el radio de acción todo lo que se pueda. Si piensas en la palabra de Jesús: “Id hasta los confines de la tierra”… pues yo estoy un poco más cerca de uno de los confines, el del Polo Norte. Dios me ha hecho este regalo.

Entonces, ¿tiene o piensa tener un trabajo profesional?

¿Cómo no voy a tener un trabajo profesional? Hay que traer el pan a casa. Yo soy filóloga de lenguas románicas y trabajo en la Universidad de Tallinn como profesora de español. En este campo del español hay mucho por hacer. Mis otras compañeras del centro del Opus Dei de Estonia son ingeniero, médico, economista, contable, químico y biólogo. Todas trabajamos.

¿En qué consiste la tarea evangelizadora del Opus Dei en el país?

Es una labor de catequesis y de apoyo a los que se van bautizando. La Iglesia Católica de Estonia es como un bebé recién nacido. A lo largo de estos doce años yo he visto muchas conversiones, la mayoría de adultos o de gente joven. Ellos necesitan y desean aprender a vivir la fe en su vida diaria. Los estonios son muy profundos y no se conforman con saber cuatro cosas del catecismo. En nuestro centro tenemos dos veces al mes un aula de teología. También hay otras actividades culturales variadas e interesantes, pero el aula de teología y el retiro espiritual son las actividades estrella, que tienen más éxito.

¿Ha notado diferencia en la calidad de vida?

Pues sí. Al llegar tuve la sensación de haber vuelto al pasado, a la

España de los años 40. Todo estaba viejo y roto. Pero gracias al tremendo esfuerzo de los estonios las cosas han mejorado mucho. En algunos aspectos el desarrollo tecnológico está ya a nivel europeo.

Habrá menos medios materiales que en España. Pese a todo ¿cree que la gente es más feliz?

Cuando uno no tiene nada disfruta de una puesta de sol, del sonido de los árboles, de cosas pequeñas. Esto es un valor que yo encontré al llegar. Ahora la economía de mercado es un peligro para las nuevas generaciones estonas. En algunas personas hay actualmente un hambre desequilibrada de tener, de adquirir, de comprar… –aunque tener un mínimo de bienestar es razonable-. Confío en el sentido común de los estonios para llegar a un equilibrio.

¿Qué valores cristianos se conservan?

Más que cristianos, he visto valores naturales; pues la mayoría no sabe mucho de Jesucristo. Pero aunque no tengan ninguna religión, porque nadie se la ha anunciado, sí son religiosos. Son paganos pero no ateos. Todos tienen un respeto y agradecimiento a Dios que les ha creado y dado esa tierra que aman.

¿Son muchos los católicos? ¿Cuántos creyentes hay de otras confesiones?

La Iglesia Católica es en Estonia una iglesia naciente, pero es respetada y valorada positivamente. En total somos 3.500 católicos. La mayoría de la población no tiene religión. Y después, de los que se definen como creyentes, un 15% son luteranos y un 14% son ortodoxos (la población rusa del país). También hay baptistas, metodistas, judíos y musulmanes.

¿Se puede decir qué los católicos de allí viven con más intensidad su fe que la media de los españoles, por ejemplo?

Sí, verlos rezar te impresiona. Impresiona su respeto y adoración a Dios, a la Eucaristía. Quizá por su sentido artístico dan mucho valor a la belleza de la liturgia, de los símbolos; los viven con sinceridad de corazón y no como una oración aprendida de memoria. Meditan las palabras, los gestos. Como les ha costado más esfuerzo conocer a Dios, lo valoran más. Es un tesoro encontrado y no una herencia recibida.

De todas maneras, yo veo que actualmente en España se está purificando mucho la fe. Ahora el que cree es porque quiere creer y es consecuente en medio de un ambiente adverso.

¿Cómo ve el futuro del desarrollo del catolicismo en el país?

Positivo. Y ecuménico. En Estonia la Iglesia Católica aunque sea pequeña tiene prestigio entre las confesiones luteranas y ortodoxas. Hay un diálogo ecuménico fraterno. Esto puede servir de modelo en otros países nórdicos y puede contribuir a la Iglesia Católica Universal.

¿Cuáles son las notas comunes del carácter de los estones?

Es difícil generalizar. Pero yo diría que son responsables, serenos, reflexivos, sencillos, con sentido del humor, artistas, independientes.

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Eduardo Burgueño se va Kinshasa para trabajar en el proyecto Monkole

Posted by opus dei valladolid en septiembre 11, 2008


Eduardo Burgueño, tiene 34 años y trabaja como subdirector médico del penal de Algeciras. En este testimonio cuenta cómo será su próximo trabajo en el centro hospitalario Monkole de Kinshasa (República Democrática del Congo).

29 de julio de 2008
Jesús Bombín // El Norte de Castilla
Dijo que lo dejaba y punto. Esquinazo a la medicina en la cárcel. A Alcalá Meco y al puesto de subdirector médico del penal de Algeciras, donde coincidió con el etarra De Juana Chaos en plena huelga de hambre hace dos años. Eduardo Burgueño, de Amusquillo de Esgueva, ha renunciado con 34 años a su puesto de funcionario de Prisiones para trabajar como médico en el centro hospitalario Monkole de Kinshasa (República Democrática del Congo) con 50 camas y tres centros de salud en los que se atiende a una población de 560.000 personas, «como la provincia de Valladolid», apostilla mientras medita cómo afrontará la muerte de pacientes en un país donde la malaria y el sida se llevan miles de vidas y la edad de vida media es de 47 años.

¿Qué deja en Valladolid?

A mi familia y un coche, un Renault Mégane de gasolina 1.6, que lo vendo porque debo el crédito al banco y no me da tiempo a pagarlo. Dejo a mis padres, a siete hermanos y varios sobrinos.

¿Cuándo decidió pegar el volantazo profesional y vital?

Era médico funcionario de Prisiones y no tenía suficientes años consecutivos de servicio como para pedir una excedencia. Entonces, decidí renunciar a mi puesto y me he desvinculado por completo. Y bien, sobre todo por salud mental. Estaba un poco harto de oír lamentarse a médicos mayores, que siempre se habían planteado la ilusión de marchar a trabajar a África y yo dije: ‘No quiero que sea una ilusión, voy a hacerlo’. Y en eso estoy. No tengo sensación de romper amarras con nada. Sólo voy con el billete de ida, me gustaría jubilarme allí pero nunca se sabe. Si tuviera que volverme por motivos de salud, pues volvería con mucha paz y ya está.

¿Qué va a hacer en Kinshasa?

Trabajar como médico de familia en unos barrios de población semiurbana dentro de un proyecto de CFOR, una ong local de la República Democrática del Congo. Detrás del proyecto está gente del Opus Dei del Congo. Voy allí a echar una mano, no a dirigir nada.

¿Qué se va a encontrar?

Una carga de trabajo mayor que la que me puedo afrontar en cualquier centro de salud de España, una falta de recursos materiales muy importante, enfermos jóvenes y enfermedades nuevas para mí, que nunca he manejado. Y una frecuencia de muerte mucho más alta que en España.

¿Cómo vivió el darse de bruces con la pobreza la primera vez que visitó África?

He estado en Burkina Faso, donde hay miseria, y en Kenia, donde hay pobreza. Y me impactó más el primer país porque ese matiz se nota. La pobreza te permite vivir con muy poco, pero vives. La miseria, no, implica que te mueres por la falta de los recursos más elementales, como el agua. Congo tiene una situación intermedia, porque posee muchos recursos naturales y sus grandes problemas vienen más por la guerra que por la pobreza.

¿Qué sensaciones le deja haber trabajado de médico en cárceles?

La sanidad penitenciaria es muy restrictiva para un médico. El 90% de tus pacientes no quieren que los atiendas, no buscan medicina, sino beneficios de cualquier tipo. En la sanidad ordinaria, el 10% de la población te puede manipular; en la sanidad penitenciaria esa cifra se eleva al 90%.

¿En su cambio de rumbo hay algo de búsqueda o de huida?

No, siempre me he negado a que sea así, no es una huida hacia adelante, es un plan profesional, muy atractivo, que es distinto. Me hubiera ido antes de la cárcel, pero no lo hice porque pretendo que todo paso vital y profesional nunca sea una huida hacia adelante, sino una etapa más para crecer. Seguir siendo funcionario y tener vocación de servicio es necesario. Pero no es lo que yo necesitaba.

El motivo por el que cambia de contexto en su labor es…

Vocación de servicio en un campo profesional muy atractivo y de gran utilidad. Yo he descubierto en estos dos últimos años, cuando tomé la decisión, que el campo de cooperación internacional supone una vocacion profesional más. Él que decide trabajar en cooperación descubre un ámbito de vocación profesional como cualquier otro. Siempre me planteo que desde el primer mundo se puede ayudar al tercer mundo con dinero, pero llega un punto en el que me doy cuenta de que una gran necesidad de los países en desarrollo es la de profesionales sanitarios. Y yo, por mi perfil profesional puedo ser una muy buena ayuda.

¿Cómo es el trabajo de un médico en una cárcel?

Es una medicina muy condicionada por un paciente muy estandarizado, que demanda mucha medicación psiquiátrica, y que muchas veces exige sacar un beneficio de la relación con el médico. Hay más intereses que los estrictamente sanitarios.

¿En qué contexto se va a desarrollar su labor?

Kinshasa es la capital, con una población de siete millones de habitantes. Hay un médico por cada cien mil habitantes cuando en España la ratio es de uno por mil. El 80% de la población vive con menos de un dólar al día. La enfermedad más prevalente es la malaria, principal causa de mortalidad en menores de cinco años y en mujeres embarazadas. En adultos, la malaria es la patología más frecuente pero la más mortífera es el sida. Eso, a pesar de que la prevalencia del VIH en este país no es de las más altas de África y afecta al 4% de la población. En Monkole tenemos que llegar a unos 25.000 infectados y ahora estamos atendiendo a unos 500 enfermos. No se ha llegado a más pacientes porque la medicación, los antiretrovirales para tratar el VIH, es gratuita sólo desde hace dos años.

¿Cómo prevé afrontar la impotencia de ver pacientes que no puede curar por falta de recursos?

Es una lección que tengo que aprender, todavía no lo he vivido. Aunque lo he intuido. Porque mis estancias en países africanos siempre han sido breves y como espectador, no como médico asistencial. Ahora es cuando me tocará aprender la lección de acostumbrarme a la muerte diaria de población joven.

¿No tiene prevista fecha de vuelta definitiva?

Mi contrato viene a ser 500 dólares mensuales y un viaje a Europa cada ciertos años. Supongo que lo enviaré aquí para pagarme la cotización de autónomo. Me parece muy atractivo que los jóvenes universitarios se planteen el mundo de la cooperación internacional como un campo laboral más. Merece la pena.

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