Opus Dei Castilla y León

Actividades y Testimonios de miembros de la Prelatura del Opus Dei y cooperadores en Castilla y león

“Descubrí cómo trabajar con visión de servicio a los demás”

Publicado por opusdeivalladolid on Abril 24, 2008


Jesús San Miguel acaba de recibir el Premio Castilla y León de Investigación Científica y Técnica. Es Jefe del Servicio de Hematología del Hospital Clínico de de Salamanca y subdirector del Centro de Investigación del Cáncer

A sus 54 años este soriano es coordinador de la Red Nacional de Mieloma, después de haber creado la Red Europea de Mieloma (EUMM). Tiene en su haber,  entre otros, el Premio Internacional Waldenström, Premio Nacional de Investigación, Premio Nacional de Oncología y Premio CEOE a la investigación Científica en Ciencias Biológicas. Con este galardón se reconocía la “extraordinaria calidad” de sus investigaciones en el campo de la Hematología y en concreto de los cánceres hemáticos, como la leucemia, lo que le ha llevado a realizar más de 400 publicaciones, la mayoría de difusión internacional, y participar en 45 proyectos de investigación.

¿Cómo conociste la Obra?

Se puede decir que “desde la otra esquina”. Vivía en Burgos y por diversos avatares me fui a estudiar medicina en la Universidad de Navarra. Allí residí en el Colegio Mayor Belagua, que lleva el Opus Dei. Iba bastante aleccionado, por parte de mi padre y de algunas otras personas, para que ni de lejos me acercase a la Obra. La verdad es que iba cargado con todo tipo de prejuicios en contra de la institución.

¿Pero ahora eres miembro del Opus Dei?

Sí. Pedí la admisión en la Obra en el año 1974 cuando estudiaba cuarto de Medicina.

¿A qué se debió ese cambio?

Cuando empecé a conocer a personas de la Obra (algunos de ellos hoy grandes amigos míos). Me sorprendió el contraste abismal que había entre la idea que yo tenía, llena de prejuicios, y la realidad. La vida y actitud de esas personas me dio mucho que pensar.

Pero de ahí hasta pedir la admisión…

Fue un proceso lento de asombro y asimilación. La idea de santificar los estudios, el trabajo, me fascinaba. A su vez, me sorprendía y atraía el cariño que encontraba en el Colegio Mayor.

¿A qué te refieres?

Fundamentalmente al ambiente de familia que encontré. Por ejemplo, cogí una gripe muy fuerte que me tuvo más de una semana en cama. Me sentí en todo momento muy arropado, como si estuviera en mi propia casa. Hasta el capellán me llevaba la comida y me acompañaba durante un buen rato.

¿Y eso fue decisivo?

No, realmente sólo fue como una gota más entre otras muchas que terminaron por colmar el vaso, después de que poco a poco hubiera ido calando en mí la coherencia de vida de muchas personas. En el Colegio pude comprobar la pluralidad de ideas políticas y sociales de los miembros de la Obra; nada que ver con el conjunto de tópicos que llevaba en mi mochila cuando aparecí por allí.


Antes me hablabas de la santificación del trabajo…

Fue un factor decisivo. He de reconocer que era un poco empollón. Tenía una gran inquietud profesional. Las perspectivas que se me abrían para mi futura labor como médico me parecían apasionantes, soñaba con llegar muy lejos… Pues bien, descubrir que ese trabajo no era un obstáculo sino el mejor de los instrumentos para unirse a Dios y realizarlo con una visión de servicio a los demás suponía dar un giro radical a los motivos que hasta entonces me movían (me enseñaron que en lugar de trabajar por “algo”, lo haría por “alguien”….)

¿Influyeron más aspectos?

Otra cuestión que me pareció inaudita fue enterarme que el matrimonio era una más de las vocaciones cristianas. Me pareció sorprendente, nunca me lo había planteado así. A mí me atraía mucho la idea de compartir la vida con la mujer de la que me enamorara, de formar un hogar, de gozar con los hijos. La idea de que eso era algo querido por Dios me descubrió algo más que una nueva perspectiva. Trabajo y familia eran y son dos aspectos nucleares en mi vida. Tenemos 6 hijos. En los Congresos muchos colegas de todo el mundo me conocen como el “family man”

¿Tu mujer es también del Opus Dei?

Sí, lo que facilita muchas cosas, pero podía no haber sido así porque la vocación es personal. En el matrimonio lo más importante es compartir un proyecto común de vida, eso es fundamental a la hora de educar a los hijos.

A veces se dice que los hijos dan muchos problemas…

Sí, y también muchas alegrías. Lo importante es esforzarse cada día por buscar su bien, compaginando un alto grado de cariño con la transmisión de una educación humana y cristiana recia y coherente. Eso me ha llevado a implicarme, junto a otros padres, en un proyecto educativo en la ciudad, un Colegio que cuenta ya con unos 600 alumnos. Gracias a Dios yo estoy teniendo muchísima suerte con mis hijos. Dos de ellos son del Opus Dei y les veo muy felices. Todos los días pedimos para que todos ellos sean buenos hijos de Dios.

Los que son de la Obra, ¿no pueden estar un poco condicionados porque lo sois tú y tu mujer?

Les hemos educado en un clima de gran libertad y hemos procurado darles lo mejor de nosotros. Ellos son los que libremente, “porque les ha dado la gana”, han elegido ese camino y parecen felices. Nosotros, lejos de empujarles, les hablamos con claridad de la dureza del camino que emprendían y de que lo importante en cualquier camino no son las ilusiones iniciales sino la perseverancia para llegar a la meta.

Efectivamente, hoy los jóvenes no lo tienen fácil…

También les hemos dicho que nos tendrán siempre a su lado…Tal y como están las cosas ningún joven “puede andar por la buena senda” si no es con un elevado grado de libertad. Hoy en día la virtud no es fácil, aunque mi visión de la juventud es muy positiva. A los chicos basta con mostrarles con sinceridad el camino del bien, un camino que es más exigente pero, a la vez, más atractivo que cualquier otro. También te digo una cosa, el mayor fracaso de mi vida sería el no haber ayudado a un hijo a encontrarse con Dios.

Eres Jefe de un Servicio que goza de bastante prestigio en España y más en concreto del Mieloma a nivel internacional lo que supone muchos viajes y participación en múltiples congresos ¿cómo llegas a todo?

Lo del prestigio es un poco exagerado y, en todo caso, fruto del trabajo de las 100 personas que formamos el equipo. Cuesta un poco llegar a todo, pero con esfuerzo se llega.


¿Saben tus colegas y amigos que eres del Opus Dei?

Por supuesto. Lo saben todos, no sólo los de Salamanca, sino también los colegas de otros países con los que coincido en numerosos Congresos. Esto forma parte de mi concepto de amistad. No creo en las amistades superficiales, me gusta tocar fondo (por ejemplo, no podría, no sabría permanecer al margen de un problema familiar de un amigo).

¿Y les hablas del Opus Dei?

Siempre que puedo. Siento mi responsabilidad de cristiano al moverme en el mundo científico internacional. Aprovecho todas las ocasiones para explicar mi fe, mi vocación y los ideales que me mueven. Agradecen siempre mis explicaciones sobre puntos controvertidos de la doctrina de la Iglesia. Muchos amigos han vuelto a practicar la fe, y a bastantes les he puesto en contacto para que asistan a los medios de formación que la Obra imparte en sus distintos países.

¿Conociste a San Josemaría?

Tuve la suerte de asistir a una tertulia con él en el año 1972. Entonces no era de la Obra y me impresionó su fuerza espiritual y la claridad de los mensajes. Intento vivir su enseñanza de buscar la santidad en medio del mundo. Personalmente, probablemente por mi trabajo, hay una expresión suya que me produce una gran satisfacción. Decía con frecuencia que el Opus Dei es “una inyección intravenosa en el torrente circulatorio de la sociedad”. Esta imagen, para un hematólogo, tiene un significado muy familiar.

¿Hay que ser especial para ser del Opus Dei?

No se trata de pensar que las personas del Opus Dei somos mejores que los demás, nada de eso. Sólo somos (cada uno de nosotros) un poco mejores de lo que seríamos sin esta vocación (o al menos por ello luchamos), y con todos nuestros defectos intentamos contribuir a que la sociedad camine más cerca de Dios.

J.L.G.

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“Medidas legales y encuestas reflejan un retorno al matrimonio clásico”

Publicado por opusdeivalladolid on Abril 8, 2008

El Catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid y colaborador del Pontificio Consejo para la Familia en el Vaticano Rafael Navarro-Valls pronunció el 3 de abril una conferencia en Burgos que llevaba por título “El retorno del matrimonio. Recientes datos legislativos y sociológicos”, una iniciativa puesta en marcha por Vivar (Centro de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz) y la Delegación Diocesana de la Famila y Vida

Navarro Valls afirmó que numerosas medidas legales establecidas en diversos países y encuestas sociológicas realizadas en España reflejan una vuelta al llamado matrimonio clásico, basado en la monogamia, la heterosexualidad, la estabilidad, la formalización, la orientación hacia la prole (entre otras finalidades) y la libertad en la emisión del consentimiento.

Señaló también que «tanto los estudios más recientes del Centro de Investigaciones Sociológicas como los estudios de valores o de juventud asignan a la familia la máxima importancia en la vida, por encima de los amigos, el trabajo o la competencia profesional», y que «en una valoración de 1 a 10, la familia basada en el matrimonio y con hijos de ambos cónyuges alcanza más de un 9 de puntuación, siendo el más próximo al «modelo ideal de familia».

De las medidas legales establecidas en diversos países para fortalecer el matrimonio clásico, el experto destacó el llamado «matrimonio blindado», establecido, junto al matrimonio fácilmente disoluble, en varios estados de los Estados Unidos (EEUU), como Luisiana, Arizona y Arkansas. Se trata de un matrimonio opcional contraído por un hombre y una mujer que se comprometen para toda la vida suscribiendo una declaración previa en la que manifiestan que «si en el futuro tuviéramos especiales dificultades en nuestra unión, nos comprometemos a realizar todos los esfuerzos razonables para mantener el matrimonio, incluido el asesoramiento de expertos».

Navarro Valls también se refirió a la defensa legal del matrimonio heterosexual en diversos países, provocada por la introducción del llamado «matrimonio entre personas del mismo sexo» en España, Bélgica, Holanda, Canadá y algún estado de Australia.

Como manifestaciones de esta defensa, el jurista destacó una enmienda recientemente debatida en el Senado de los Estados Unidos, leyes que defienden expresamente el matrimonio como una «unión legal de un hombre y una mujer» promulgadas en 39 estados de los EEUU y aprobadas por referéndum en 19 casos, la anulación de las leyes que permitían las uniones homosexuales en el territorio de la capital australiana y la intención declarada del nuevo gobierno canadiense de presentar un proyecto de ley para derogar las vigentes leyes de «matrimonio» entre homosexuales.

También la modificación de la Constitución de Honduras para definir el matrimonio como «unión legal de hombre y mujer», el proceso similar iniciado en Guatemala, la declaración de inconstitucional del «matrimonio» entre personas del mismo sexo en Costa Rica, la presentación de una enmienda para elevar a rango constitucional la definición de matrimonio como unión entre personas de sexo distinto en El Salvador, la aprobación de una enmienda constitucional en este sentido en Letonia, la presentación de enmiendas en el Congreso y el Senado de Filipinas para «vetar» el matrimonio homosexual y el estudio de la posible inconstitucionalidad de la ley de «matrimonio» homosexual aprobada en España, por parte del Tribunal Constitucional.

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Andrea Feehery trabaja en el Shellbourne Conference Center (Indiana, EEUU). En este vídeo habla sobre su vocación como numeraria auxiliar, su vida en el Opus Dei, y la reacciones de su familia y amigos.

Publicado por opusdeivalladolid on Abril 3, 2008

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Mons. Ocáriz: «Las puertas del Opus Dei están abiertas a todos»

Publicado por opusdeivalladolid on Abril 3, 2008

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Monseñor Fernando Ocáriz (París, 1944) es la persona más cercana al prelado del Opus Dei. Publicamos una entrevista de la agencia Zenit en la que habla de la figura jurídica de la Prelatura Personal.

26 de marzo de 2008

En una entrevista a Zenit, a la luz de los primeros 25 años de la erección del Opus Dei como prelatura personal -la única del mundo-, su vicario general revela cuál es la relación de esta institución con las diócesis y explica que el a veces supuesto «poder» de «la Obra» no es otro que el derivado del Evangelio.
Monseñor Ocáriz ha recibido a Zenit en la sede de Villa Tevere en la Ciudad Eterna, donde está enterrado el fundador del Opus Dei, san Josemaría Escrivá de Balaguer.

Este sacerdote es físico y teólogo. Autor de numerosas publicaciones filosóficas y teológicas, especialmente en el ámbito de la filosofía de la historia y de la cristología, desde 1986 es consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

También es miembro de la Pontificia Academia Teológica y desde el 23 de abril de 1994 es el Vicario General del Opus Dei.

–El Opus Dei nació para ayudar a los laicos en su vida normal. ¿Los laicos son parte de la prelatura del Opus Dei, o la prelatura es sólo para la parte -mínima– de sacerdotes del Opus Dei?

“San Josemaría Escrivá ha ayudado a corregir una concepción errónea de la santidad, como si fuera algo reservado para algunos «grandes». La santidad es hacerse amigo de Dios, dejar obrar al Otro, el Único que puede hacer que este mundo sea bueno y feliz”.

–Monseñor Ocáriz: El Opus Dei nació propiamente para difundir y recordar a todos –sacerdotes y laicos– la llamada universal a la santidad. Como enseñó san Josemaría desde 1928, esta universalidad, es decir, que Dios llama a cada persona, lleva consigo, además, que todas las circunstancias humanas honradas –el trabajo profesional, las relaciones familiares y sociales– pueden y deben ser realidad santificada y santificadora.

Como dijo el cardenal Joseph Ratzinger con motivo de la canonización del fundador del Opus Dei, el mensaje de san Josemaría Escrivá ha ayudado a corregir una concepción errónea de la santidad, como si fuera algo reservado para algunos «grandes». La santidad es hacerse amigo de Dios, dejar obrar al Otro, el Único que puede hacer que este mundo sea bueno y feliz.

Los laicos del Opus Dei, mujeres y hombres, casados y célibes, son parte integrante de la Prelatura, tanto como los sacerdotes que constituyen el presbiterio. La relación entre estos ministros sagrados y los fieles laicos es la propia de la Iglesia.

Al mismo tiempo, cada laico pertenece también a la Diócesis donde tiene el domicilio, como cualquier otro católico. Juan Pablo II lo recordó en diversas ocasiones, refiriéndose concretamente al Opus Dei: el sacerdocio ministerial de los clérigos y el sacerdocio común de los fieles laicos se unen y entrelazan, en unidad de vocación y de régimen para cumplir la misión evangelizadora de la Prelatura, bajo la guía de un Prelado.

–El Opus Dei es la única prelatura personal que existe actualmente. ¿Reciben consultas de instituciones eclesiales que querrían ser una prelatura personal?

–Monseñor Ocáriz: Sí, por ahora es la única prelatura personal. Sin embargo, en la Iglesia hay otras circunscripciones eclesiásticas delimitadas también por un criterio personal, para diversas necesidades pastorales.

Por ejemplo, los ordinariatos que existen en algunos países para la atención de fieles de rito oriental, los ordinariatos militares y una administración apostólica personal erigida hace unos años en Brasil.

La constitución de una prelatura personal corresponde exclusivamente a la Santa Sede; además, el Derecho Canónico prevé que para su erección se consulte a las conferencias episcopales interesadas.

Se trata de una decisión pastoral, dirigida a favorecer la misión de la Iglesia en un mundo caracterizado por la movilidad de las personas. Por ejemplo, en las Exhortaciones apostólicas post-sinodales Ecclesia in America y Ecclesia in Europa, Juan Pablo II menciona las prelaturas personales como posible solución para personas necesitadas de una peculiar atención pastoral, concretamente para grupos de emigrantes.

También es posible que, como ha sucedido en el caso del Opus Dei, la acción del Espíritu Santo, que impulsa a llevar a cabo determinadas tareas apostólicas, origine unas necesidades pastorales que requieran una estructuración en prelatura personal.

No me consta que el Opus Dei haya recibido consultas de instituciones que hayan pensado en la posibilidad de ser prelatura personal. En cambio, sí es relativamente frecuente que sean llamadas personas del Opus Dei para explicar la experiencia de la Prelatura en estos años: en congresos, jornadas de estudios, reuniones pastorales, etc.

–¿Qué hay de cierto en la supuesta independencia –o autonomía, si lo prefiere– del Opus Dei por el hecho de ser jurídicamente una prelatura personal?

–Monseñor Ocáriz: La realidad es exactamente la contraria. Erigir una prelatura significa precisamente «dependencia»: poner a una parte del pueblo cristiano en dependencia pastoral de un miembro de la jerarquía eclesiástica.

No tiene sentido hablar de independencia o autonomía pues, al contrario, el Opus Dei depende de un prelado nombrado por el Romano Pontífice.

El prelado y sus vicarios ejercen la potestad eclesiástica en comunión con los demás pastores, bajo la suprema autoridad del Papa, de acuerdo con las normas universales de la Iglesia y las normas particulares contenidas en los Estatutos que la Santa Sede ha establecido para la Prelatura.

Pienso que la experiencia de la presencia del Opus Dei en numerosísimas diócesis de los cinco continentes puede contribuir a que se comprenda, también desde un punto de vista práctico, que la novedad de las prelaturas personales, introducida por el Concilio Vaticano II, no perjudica la unidad en las Iglesias particulares, sino, al contrario, supone un servicio a éstas en la general misión evangelizadora de la Iglesia.

Como escribió Benedicto XVI al actual prelado, monseñor Echevarría, con ocasión del cincuenta aniversario de su ordenación sacerdotal, «cuando fomentas el afán de santidad personal y el celo apostólico de tus sacerdotes y laicos, no sólo ves crecer la grey que te ha sido confiada, sino que proporcionas un eficaz auxilio a la Iglesia en la urgente evangelización de la sociedad actual».

– ¿Es correcto decir que hay «obispos del Opus Dei»?

“A quien se acerca a una actividad apostólica promovida por la prelatura –sus puertas están abiertas a todos– se le ofrece un horizonte de vida cristiana”.

–Monseñor Ocáriz: Depende de lo que se entienda con esa frase. Cuando un sacerdote del presbiterio de la prelatura es llamado por el Santo Padre al episcopado, como ha ocurrido algunas veces, le sucede lo mismo que a cualquier sacerdote diocesano: deja de estar incardinado en la circunscripción eclesiástica de la que procede, aunque continúe recibiendo asistencia espiritual de la Prelatura. Tiene la misma condición canónica que la de cualquier otro obispo.

Como es obvio, el prelado del Opus Dei no tiene potestad alguna sobre la misión episcopal de esos obispos.

–Supongo que pensará que no existe un antes y un después en el Opus Dei a causa del fenómeno del “Código da Vinci”.

–Monseñor Ocáriz: Evidentemente, no. Suponer que esa novela pueda tener una incidencia histórica tal para determinar un antes y un después en el Opus Dei carece de sentido.

Distinto es el influjo que haya podido tener en algunas personas. Sin ignorar la desorientación que ese tipo de literatura puede provocar en algunos lectores, me consta que numerosas personas han decidido ponerse en contacto con la Prelatura y sus actividades de formación cristiana, precisamente como consecuencia de la información sobre la Obra que se dio, para contrarrestar serenamente las falsedades de ese libro.

También han sido numerosísimas las muestras de solidaridad con el Opus Dei por parte de periodistas, escritores y otras personas que han seguido más de cerca la información sobre este tema. Se ha experimentado, también con este motivo, una estupenda solidaridad eclesial: son momentos en los que se palpa que la Iglesia es familia.

–A veces se oye hablar del «poder» del Opus Dei. ¿Por qué cree que se ha generado esta imagen?

–Monseñor Ocáriz: A pesar de las limitaciones personales –ni somos ni nos consideramos «los primeros de la clase»–, Dios ha bendecido con abundantes frutos apostólicos la labor de almas del Opus Dei.

Visto humanamente, quizá eso puede parecer a algunos como expresión de «potencia» o «poder».

En realidad, la Obra es una pequeña parte de la Iglesia, y su «poder» consiste en el que de ahí le proviene: el Evangelio que -como escribe san Pablo- es «fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree». Los frutos de la labor de los fieles del Opus Dei los suscita el Espíritu Santo en la Iglesia y mediante la Iglesia.

A quien se acerca a una actividad apostólica promovida por la prelatura –sus puertas están abiertas a todos– se le ofrece un horizonte de vida cristiana.

Quien se acercase a la Obra buscando influencias humanas u otro tipo de bienes que no sean los espirituales, no podría resistir mucho tiempo: oiría hablar de amor a Jesucristo y a la Iglesia, de compromiso cristiano, de vida espiritual y de servicio generoso a los demás.

Por Miriam Díez i Bosch

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Concierto de piano en el Colegio Mayor Peñafiel

Publicado por opusdeivalladolid on Marzo 12, 2008

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El lunes 10 de marzo de 2008 a las 22.00 horas, tuvo lugar en el Colegio Mayor Peñafiel una velada de piano a cargo de Carlos Martínez López-Picazo y Manuel Angel Álvarez Casado, dos jóvenes intérpretes formados en el conservatorio manchego y madrileño, respectivamente. La primera parte se interpretaron las siguientes piezas Valse Op. 69 de Chopin; Claro de Luna de Debussy; el Nocturno Op. 72 Nº 1 de Chopin, el Romance Sans Paroles Op. 17 Nº 3 (Faure) y una obra compuesta por el propio intérprete Carlos Martínez.

La segunda parte corrió a cargo de Manuel Ángel Álvarez que interpretó Moonlight Sonata, First Movement, Op. 27 Nº 2 de Beethoven; Aragonaise de Massenet; Malagueña de Albéniz; Sacro-Monte de Turina y la banda sonora de la película Titanic.

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Estudiantes castellanos participan en el Foro Univ 2008 en el Colegio Mayor Peñafiel

Publicado por opusdeivalladolid on Marzo 5, 2008

colegio-mayor-penafiel-1.jpgEl pasado sábado día 1 de marzo tuvo lugar en el Colegio Mayor Peñafiel la fase local del Foro Univ 2008, «Ser, aparecer, comunicar: entretenimiento y felicidad en la sociedad multimedia».

El Foro Univ es un Congreso universitario que pretende erigirse en un foro de diálogo sobre las principales cuestiones que afectan a la persona y a la sociedad de nuestro tiempo. Un punto de encuentro para la comunicación y el debate universitario. Creado en 1968, cuenta ya con 40 ediciones.

Con esta iniciativa se quiere sensibilizar a los universitarios para que sean capaces de valorar los años de estudio universitario como un tiempo no sólo de aprendizaje intelectual, sino también de compromiso personal en la mejora de la sociedad.

A la cita del pasado sábado acudieron una treintena de universitarios procedentes de las Universidades de Oviedo, Burgos y Valladolid, los cuales presentaron diversas comunicaciones centradas en aspectos tan variados, entre otros, como las perspectivas económicas de las nuevas tecnologías o las redes sociales en Internet.

Un Comité Científico interdisciplinar formado por varios profesores universitarios dará a conocer a lo largo de esta semana su fallo sobre las comunicaciones seleccionadas para ser expuestas y defendidas en la Fase Final del Foro Univ 2008, que se celebrará en Roma del 15 al 23 de marzo de 2008.

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Jutta Burggraf: “El hombre, hoy como antes, se deja fascinar por el mensaje cristiano”

Publicado por opusdeivalladolid on Marzo 3, 2008

jutta-2.jpgJutta Burggraf es profesora de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Ha participado recientemente en Valladolid en un Ciclo de Conferencias sobre la Familia. Su conferencia versó sobre la ideología de género.  En esta entrevista aborda temas de gran interés en la actualidad.

¿La creciente presencia de musulmanes en Europa no es un peligro para la fe de los cristianos europeos?

Efectivamente, muchos europeos han dejado de lado sus creencias cristianas, incluso las más elementales. Recuerdo un artículo de una revista alemana que afirmó: “Sólo 60% de los católicos creen en la existencia de Dios.” ¿Pero se puede culpar de nuestras escasas convicciones religiosas a la inmigración masiva de los musulmanes? Ciertamente, no.

Claro que es más cómodo vivir la fe en una sociedad mayoritariamente cristiana. Pero esta situación contiene también un peligro: puede llevarnos a ser aburguesados, y a considerar el cristianismo como una mera cuestión de etiqueta y costumbre. Una sociedad multicultural, en cambio, en la que se percibe una fuerte influencia de las religiones mundiales, arroja luz sobre la verdad interior de una persona. Revela, en parte, lo que está bajo la superficie. Así encontramos a quienes se dejan arrastrar por el ambiente (haciendo, en el fondo lo mismo que harían bajo un régimen del nacional-catolicismo); y –aparte de muchos otros estilos de vida– vemos también a otros que se esfuerzan por explicar “la razón de su esperanza.” Pueden incluso llegar a tener una fe más profunda y convencida que en “tiempos tranquilos”. Lo testimonian, por ejemplo, aquellos cristianos que se han mantenido fieles en los antiguos países comunistas, o los que pertenecen a la Iglesia (clandestina) de China, de Cuba o de Pakistán. Una amiga argentina contó que ha descubierto el cristianismo justamente en Singapur: no es un Estado totalitario, pero es terriblemente multiculturalista y multiétnico.

Si consideramos la fe cristiana en toda su riqueza, comprendemos que el islam no significa una competencia seria. El Dios de los cristianos no sólo es infinito, omnipotente y grandioso –como Allah–; es a la vez un Padre muy cercano y comprensible, un Padre que ama y perdona, y que nos llama a todos a una felicidad sin fin. Recuerdo unas palabras de San Josemaría que lo expresan de un modo impresionante: “Cuando te vea por primera vez, Dios mío, ¿qué te sabré decir? Callado, esconderé mi frente en tu regazo… y lloraré como cuando era niño. Tus ojos mirarán todas mis llagas… Te contaré después toda mi vida… ¡Aunque ya la conoces! Y Tú para dormirme, lentamente, me contarás un cuento que comienza: érase una vez un hombrecillo de la tierra… y un Dios que le quería con locura.”

¿Se puede vivir cristianamente en una sociedad consumista?

Al escuchar la palabra consumismo, recuerdo una pequeña anécdota. Un niño, llamado Martín, celebró su duodécimo cumpleaños. Para esta ocasión, los padres habían organizado una fiesta; habían invitado a los abuelos, a varios tíos y muchos amigos. Después de las felicitaciones, Martín se encontró rodeado de un montón de paquetes, de todos los tamaños y colores. Sin decir ni una palabra, empezó a deshacer el primero, miró el regalo y lo puso a un lado. Después deshizo el segundo, miró el regalo y lo puso al lado del primero. Así seguía deshaciendo los paquetes en silencio, mientras que los visitantes, cada vez más tensos, formaron un círculo alrededor de él. Martín miró los regalos y los puso a su lado. Por fin le preguntó uno de sus tíos: “¿No te gusta ninguno de nuestros regalos?” Y la respuesta tajante fue: “Si no digo nada, todo está bien.”

Así es la sociedad de consumo. Estamos acostumbrados a tener muchas cosas, y a recibir cada vez más. Esto trae consigo algunos peligros y retos. Pero quiero subrayar una cosa. Nuestra sociedad no me parece mala. Tiene aspectos positivos y negativos como todas las demás. Es la sociedad que nos ha tocado vivir, y yo me siento muy feliz de vivir en ella. Disfruto del internet, y agradezco tener un e-mail; así tengo contacto con personas estupendas en todo el mundo. Algunos pretenden distanciarse de la técnica y de los demás logros tan apasionantes de nuestro tiempo. Otros llegan a negar nuestra civilización; desarrollan un cierto cinismo y difunden un “pesimismo cultural”. Estas actitudes me preocupan. Engendran con frecuencia un clima que apaga cualquier iniciativa, que apenas deja respirar y pensar libremente. Bloquean las aspiraciones nobles de los que se sienten pioneros de un nuevo siglo. Y lo que es más importante: no me parece que se inspiren en la buena nueva de Jesucristo. No dan lugar a un amor auténtico hacia todo lo humano, ni a la alegría profunda de quien se sabe hijo de un Padre omnipotente y misericordioso. No se trata de despreciar los bienes de esta tierra. Se trata más bien de utilizarlos rectamente, con verdadero señorío y libertad, y de ponerlos al servicio de la persona humana, y de Dios. Se trata, en definitiva, de vivir según la dignidad de nuestra naturaleza en la sociedad que nos rodea.

¿Cómo son los hijos de los que fueron atraídos por el antiguo movimiento “hippie”?

La aparición del fenómeno “hippie” fue típica de los tiempos de las revoluciones estudiantiles, que tuvieron lugar alrededor de 1968. Entonces, algunos calificaban a los “hippies” como neomísticos. Su mensaje a la gente de Occidente no era cristiano. Pero no se puede negar que se inspiraba en algunos valores. Rezaba más o menos así: “¡No os dejéis engañar! Las nuevas sociedades consumistas no os traen la libertad tan deseada. Engendran más bien un nuevo tipo de esclavitud, porque os seducen a ataros a un sinfín de cosas superficiales y superfluas…” Los mismos “hippies” cargaron con las consecuencias. Se negaban a acumular riquezas; estaban despreocupados de la construcción de este mundo, deseosos de no insertarse en el sistema, temerosos de que un cambio de estructuras sólo sirviera para llegar a un bienestar material aún mayor. Optaron por una vida alternativa, marcada por el “desprendimiento” optimista, la fiesta y la contemplación. El fenómeno en su traducción religiosa e incluso cristiana, como puede ser el movimiento “Jesus-People”, no se interesó por Jesús porque Él fuera a resolver los problemas socio-políticos (de los que el “hippie” se marginó voluntariamente), sino porque trae la paz al corazón. En otras palabras, consciente o inconscientemente, se buscaba algo que pertenece más bien a la experiencia religiosa.

Los movimientos “hippie” y “Jesus People” han reintroducido en nuestras sociedades algo interesante, que representa además un elemento antisecularizante: es, por un lado, el rechazo de una vida consumista, cómoda y aburguesada y, por el otro, la celebración de las fiestas, la importancia de los ritos. Son estas, sin duda, prácticas importantes, que rompen la monotonía de lo profano. Pero ni los “hippies” ni los “Jesus People” se esforzaron por fundamentar sus prácticas en una teoría. No consiguieron unir sus experiencias espirituales con una doctrina clara. Me parece que esta es la razón por la que no lograron transmitir sus valores a una nueva generación.

Los hijos de los “hippies” ya no rechazan la sociedad consumista, sino que están completamente inmersos en ella. En general no son revoltosos como sus padres. Son “buenos chicos”, les gusta el dinero, y muchos de ellos no se sienten capaces de forjar un futuro, según los resultados de varios estudios europeos. Cada vez más jóvenes se sienten incluso tan a gusto en la casa de sus padres que, a diferencia de las generaciones anteriores, no tienen ganas de salir de ella, independizarse y crear una familia propia. ¿Por qué terminar pronto los estudios y emprender un trabajo remunerado, si se tiene una vida tan fácil y cómoda en la familia de origen? Parece, a veces, que apenas tienen proyectos y metas personales, apenas aspiran a algo que no tenga que ver con el bienestar material, apenas expresan preguntas, inquietudes y preocupaciones.

¿Es más difícil pensar por cuenta propia hoy?

Sí, porque nuestra vida se ha convertido, en muchos sentidos, en un ajetreo continuo. Muchas personas sufren las consecuencias del estrés o de un cansancio crónico. La dureza de la vida profesional, y también las exigencias exageradas de la industria del ocio, traen consigo obligaciones excesivas, así que lo único que se desea por la noche es descansar, distraerse de los problemas cotidianos, y no esforzarse nada más. Todo esto puede llevar a una cierta “enajenación espiritual”, a la superficialidad de una persona que vive sólo en el momento, para las cosas inmediatas. En nuestra sociedad resulta, con frecuencia, muy difícil detenernos a reflexionar.

A la vez, podemos observar una decadencia hacia lo instintivo, lo puramente sensual. Muchas películas, revistas, talkshows, un sinnúmero de páginas web y hasta el mismo lenguaje cotidiano nos lo presentan claramente. Pero una persona que se deja absorber por el materialismo y el sensualismo, se embota y se ciega frente a lo espiritual. Uno puede acostumbrarse a casi todo, incluso a no utilizar su entendimiento para realizar las críticas más elementales y necesarias.

Un exceso de información también puede ser un impedimento para pensar. Vivimos en la era de los medios de comunicación de masas. Recibimos una inmensa cantidad de información. Quien intenta acceder inmediatamente a toda la información de los cinco continentes, quien  no se pierde ninguna tertulia televisiva ni ningún comentario político, o suele ver una película tras otra, puede convertirse en una persona muy superficial. Con frecuencia no tenemos ni tiempo, ni fuerzas suficientes para asimilar toda la información recibida. Además, absorbemos inconscientemente miles de datos, cuando, por ejemplo, nos paseamos por el centro de una ciudad. Será difícil para una persona pensar por libre sin una cierta “actitud distante” con respecto a los medios de información. El escritor ruso Dostoievski afirma: “Estar solo de vez en cuando, es más necesario para una persona normal que comer y beber.”


¿Qué se entiende por “espiritualidad secularizada”?

Mirando la cultura que nos rodea, se suele hablar de los “nuevos dioses” que aparecen en las revistas y películas y, por supuesto, en los medios electrónicos. Son actores y actrices, deportistas, cantantes y otras personalidades de la vida pública -desde Evita, John Lennon o Elvis Presley hasta Madonna, Antonio Banderas, Nicole Kidman, Francisco Ribera, Rafael Nadal, David Bisbal o los grupos sudamericanos Mana y Juanes, y tantos otros-, de los que se ha hecho un ídolo y, después de la muerte, un mito. Se suele hablar, a la vez, de una “nueva espiritualidad secularizada”. Es la espiritualidad del esoterismo, de la New Age y de las visiones orientales del mundo, el fruto de una religiosidad sincretista y pluralista, en la que se adora la naturaleza y las estrellas, y también la salud, la juventud y la belleza. Algunos la ven en la raíz de cualquier fenómeno de moda. Así se oye, por ejemplo, que hasta en el ejercicio físico y en el afán ecológico se manifiesta la “espiritualidad”. El correr es interpretado como un viaje místico, como un ir “más allá” de sí mismo para poner a prueba las capacidades del cuerpo y sacar experiencias espirituales.

Ciertamente, cada vez más personas están dispuestas a realizar auténticos sacrificios para cuidar las plantas o el propio cuerpo. Se dedican diariamente al footing y comen poco más que yoghurt y manzanas, participan con entusiasmo en manifestaciones contra los experimentos con animales y gastan generosamente su tiempo en observar el medio ambiente. Las preocupaciones por la salud y el aire puro dan lugar, además, a varias formas de ascesis y unos rituales estrictos: hay que hacer quince flexiones por la mañana, levantar el tronco treinta veces a mediodía, saltar cincuenta veces sobre el propio terreno por la noche… Todo ello me parece bueno y a veces necesario, por un lado, un poco exagerado, por el otro. Veo en ello un cierto (y flojo) despertar del viejo espíritu “hippie”, con sus ansias hacia una vida sencilla y el rechazo de tantas cosas artificiales. Sin embargo, no sería propio hablar en esos casos de “religión” y de “espiritualidad”. ¿Es posible que el “mantenerse en forma” o conservar el agua limpia se conviertan en el último sentido de la vida? ¿Es aconsejable ver los acontecimientos del mundo sólo bajo las exigencias de la ecología o de la salud? Temo que ese modo de vivir puede disminuir la libertad y llevar a la manía. Y las teorías que fundamentan tales comportamientos, en vez de tener rasgos de religión, pueden tener más bien rasgos ideológicos. Son ciertos signos de desesperación, y muestran lo que pasa cuando Dios está ausente. Tenemos que tener en cuenta que, quien hoy en día adora al Sol o dirige sus rezos hacia la “Madre Tierra”, no es ya el ingenuo creyente de hace más de veinte o treinta siglos, sino el desencantado intelectual y científico. Chesterton dijo con mucho acierto: “Cuando se deja de creer en Dios, ya no se puede creer en nada, y el problema más grave es que entonces se puede creer en cualquier cosa.”

Por otro lado, mirando la cultura contemporánea se puede descubrir que los hombres están ansiosos de lo religioso. Tienen verdadera hambre de creer, aunque esa necesidad sea muchas veces inconsciente. Si no encuentran al Dios trascendente, se crean los dioses de la inmanencia. Pero, junto a ese fenómeno, se puede encontrar también una nostalgia manifiesta del cristianismo, a veces en los sitios más inesperados. Basta pensar en la música rock y en el éxito espectacular de algunos cantantes, que hablan del Dios de los cristianos y de un mañana mejor, de paz y comprensión. El hombre, hoy como antes, se deja fascinar por el mensaje cristiano. No puede quedar satisfecho con una “espiritualidad secularizada” y una “religión pluralista”. Puede, en cambio, llegar a ser feliz siendo un cristiano auténtico en una sociedad secularizada y pluralista.

¿Los matrimonios tienen hoy más dificultades que antes?

Las dificultades parecen ser en nuestros días mayores que en tiempos anteriores. En siglos pasados, con frecuencia, eran los padres y otros familiares los que buscaban a quienes habían de casarse con sus hijos. Lo hacían según aspectos objetivos. Aquellos que iban a casarse, tenían que tener el mismo nivel de vida, más o menos la misma situación económica, la misma religión, etc. La comunidad matrimonial era considerada como una gran empresa. Las grandes familias europeas abarcaban tres generaciones o incluso más. Todos, varones y mujeres, solían trabajar juntos en la granja, en el taller, en la tienda. Y educaban juntos a los niños, que crecían bajo los cuidados de muchos parientes (y empleados, según el caso).

Pero, a partir de la industrialización, hubo un profundo cambio en la vida familiar. Radicales modificaciones sociales llevaron a las generaciones pasadas a una división mayor de los trabajos y más estricta. El hombre se fue retirando de las obligaciones familiares a favor de actividades lucrativas fuera de casa. La mujer se quedó sola en casa con los hijos. Poco a poco, también ella se fue integrando a la vida profesional, ganando dinero y haciéndose cada vez más autónoma. De ahí resultan nuevas cargas para el matrimonio.

No creo que la independencia de la mujer sea el problema de hoy. Al contrario, es una suerte que exista, porque sólo quien es interiormente libre e independiente puede amar y entregarse verdaderamente a los demás. Pero, aparte de esto, la nueva situación trae consigo unos retos específicos. Se habla incluso de una “fragilidad constitucional” del matrimonio moderno. Voy a enumerar brevemente algunas dificultades.

Dos personas se casan hoy, en general, por simpatía y amor; es decir, principalmente por motivos subjetivos y menos objetivos. Esto me parece muy bueno e ideal, si no se dejan completamente de lado los aspectos objetivos, como la cultura, la forma de ver la vida, etc. Pero, en principio, me parece que la única razón aceptable para contraer un matrimonio es el amor: casarse por amor. Sin embargo, hoy en día, no es raro que falten casi todos los motivos objetivos. En este caso, la fidelidad matrimonial es sumamente difícil. Pues, cuando “se acaba el amor”, cuando llega la monotonía cotidiana, hay que perseverar, sin un entorno exterior que sostenga, y sin motivos objetivos que ayuden.

Asimismo, muchas veces, los esposos tienen distintos campos de acción, ya sea en la familia, ya sea en una profesión fuera del hogar. No se ven durante muchas horas del día. Pero sí que tienen contacto con otras personas, hombres y mujeres; y con ellos comparten sus intereses y planes profesionales. Cuando vuelven cansados a casa, ya no tienen fuerzas para dialogar o hacer planes. Así, puede pasar que crezca una distancia cada vez mayor entre los esposos.

Al mismo tiempo, la opinión pública y las costumbres occidentales no protegen el
matrimonio; no ayudan en nada a la fidelidad matrimonial. Incluso se puede decir, sin exagerar, que se hace propaganda de la infidelidad. El adulterio es ensalzado, hasta en las “confidencias” televisivas de algunos altos políticos.

Además, hoy en día, el matrimonio es mucho más prolongado que en tiempos anteriores. Muchas personas llegan a los ochenta, incluso a los noventa y cien años. En los siglos pasados, las mujeres morían con frecuencia después de haber dado a luz a muchos hijos. Hoy, ven crecer a sus hijos, y cuando ellos se van de casa, suelen vivir todavía treinta, cuarenta o cincuenta años. Por lo que, algunos han llegado a decir, que es verdaderamente heroico, en nuestro tiempo, ser fiel a una sola mujer, a un solo varón, durante toda la vida.

Pero a pesar de todos los pronósticos desfavorables, hoy en día la familia sigue siendo apreciada. Ella satisface necesidades tan elementales del hombre - como el anhelo de poseer un hogar, de sentirse protegido y de tener confianza - de tal manera que su existencia no puede ser puesta seriamente en duda, ya que está íntimamente ligada a la felicidad del ser humano.

Brevemente, ¿en qué consiste la ideología de género?

La “ideología de género” se divulga a partir de la década 1960-1970. Según ella, la masculinidad y la feminidad no estarían determinadas fundamentalmente por la biología, sino por la cultura. Mientras que el término sexo hace referencia a la naturaleza e implica dos posibilidades (varón y mujer), el término género proviene del campo de la lingüística donde se aprecian tres variaciones: masculino, femenino y neutro. Las diferencias entre el varón y la mujer no corresponderían, pues, fuera de las obvias diferencias morfológicas, a una naturaleza “dada”, sino que serían meras construcciones culturales “hechas” según los roles y estereotipos que en cada sociedad se asignan a los sexos: “¡No naces mujer, te hacen mujer!,” afirmaba Simone de Beauvoir ya en el 1949.

Nuestra tarea consiste en buscar una relación adecuada entre sexo y género. Hay una profunda unidad entre las dimensiones corporales, psíquicas y espirituales en la persona, una interdependencia entre lo biológico y lo cultural. La actuación tiene una base en la naturaleza y no puede desvincularse completamente de ella.

La cultura, a su vez, tiene que dar una respuesta adecuada a la naturaleza. No debe ser un obstáculo al progreso de las mujeres. Además, el desarrollo de una sociedad depende del empleo de todos los talentos de los ciudadanos. Por tanto, mujeres y varones deben participar en todas las esferas de la vida pública y privada. Los intentos que procuran conseguir esta meta justa a niveles de gobierno político, empresarial, cultural, social y familiar, pueden abordarse bajo el concepto de “perspectiva de género (gender mainstreaming)”, si esta igualdad incluye el derecho a ser diferentes.

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VII FORO “La mujer y sus desafíos”

Publicado por opusdeivalladolid on Febrero 15, 2008

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Con la participación de más de 120 jóvenes, la Asociación Alfar de Salamanca llevó a cabo la séptima edición del foro “Mujer y sus desafíos”.

Bajo este sugerente título jóvenes venidas de distintos puntos de España (Valencia, Murcia, Tarrasa, San Cugat, Santander, Burgos, Igualada y Madrid) se dieron cita en Salamanca los días 26 y 27 de Enero. El foro busca estimular a las participantes para que se formen opiniones firmes y comprometidas sobre temas de actualidad que ellas mismas eligen. Opiniones que les permitan adquirir una capacidad de liderazgo, de respuesta y de diálogo con el entorno social.

Las jóvenes se expresaron con seriedad acerca de temas como el papel de la mujer en la política, el heroísmo necesario para defender los ideales, la maternidad, los problemas de comunicación entre madre e hija, la influencia de la moda, el rechazo de la mujer a ser considerada un objeto publicitario o cómo reconciliar trabajo y familia, entre otros variados tópicos.

Todas las exposiciones estuvieron caracterizadas por presentar no sólo la problemática en cuestión, sino por ofrecer posibles soluciones, es decir, por abrir de manera esperanzadora vías de acción para la mujer.

Durante la mesa redonda coincidieron en la necesidad de avanzar codo a codo con los varones a fin de lograr una justa igualdad en el trabajo, y enfatizaron el reto que tienen ellos por su parte para mejorar su implicación en la familia.

El jurado valoró tanto el contenido como la puesta en escena de la ponencia, originalidad del tema tratado, trabajo y documentación. El primer premio se otorgó a la Asociación Arlanza de Burgos por la exposición “Alma de Mujer”, quienes mediante un diálogo periodístico-teatral reflexionaron sobre el heroísmo de dos mujeres griegas, Antígona (s. V a.C.) y Eleni (s. XX), capaces de defender sus ideales hasta sus últimas consecuencias. El segundo premio recayó en la Asociación Cantarell de San Cugat, quienes hablaron de “Mujer y liderazgo”, y las menciones especiales fueron para las ponencias “Conciliación trabajo y familia: hablan los jóvenes” y “La mujer ante el reto del dolor”, presentados por los Asociaciones Isard y Diemal, de Igualada y Valencia respectivamente.

Además de las sesiones de trabajo, las participantes tuvieron un encuentro en el Ayuntamiento con la Concejala de Juventud, Dª Gozo Merino, quien las animó a resolver con su formación las inquietudes propias de su condición de mujeres del siglo que vivimos.

La clausura del foro estuvo a cargo de Dª Mª Jesús Moro Almaraz, Procuradora en Cortes de Castilla y León, quien las invitó a poner en práctica los ideales planteados en el foro y a no conformarse con lograr la igualdad de derechos por el simple hecho de ser mujeres, sino obteniendo el reconocimiento objetivo de sus capacidades.

Las jóvenes participantes coincidieron en que si bien los desafíos existen, será posible superarlos con formación y actuando de manera generosa y solidaria.

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V FORO JUVENIL TORDOMAR. “VIVIR LA FAMILIA: HOME ZOOM. LA VERDAD DE LA IMAGEN”

Publicado por opusdeivalladolid on Febrero 15, 2008

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Varios grupos de jóvenes de entre quince y dieciocho años, procedentes de Galicia, Valencia, Bilbao, Madrid y Valladolid, se reunieron el pasado 2 de febrero en la Sala de Exposiciones del Monasterio de San Agustín, en Burgos, para participar en el V Foro Juvenil que organiza la Asociación Cultural Tordomar de esta ciudad.

El lema propuesto para la elaboración de los trabajos de esta quinta edición era: “Vivir la familia: Home zoom. La verdad de la imagen”. La consigna era reflexionar sobre la influencia de los medios de comunicación en la opinión pública, cuando éstos abordan temas relacionados con profesiones que entrañan una atención directa a la persona. Se buscaba un enfoque desde el “genio femenino” y la influencia decisiva de la mujer en la vida social. Una de estas realidades es su contribución personal en todas las ocupaciones que se generan del cuidado y atención de los suyos, como auténticos e imprescindibles quehaceres profesionales, que bien realizados, transmiten su dimensión más humana tanto a los miembros de la familia como a la entera sociedad.

La jornada se abrió a las diez y media con una recepción en el Ayuntamiento por el Señor Alcalde de Burgos, Juan Carlos Aparicio. Acto seguido las participantes se dirigieron a la Sala del Monasterio de San Agustín, donde expusieron sus trabajos.

Por la tarde, Alicia Bustos, profesora Dietista y escritora de libros de cocina, pronunció la conferencia de clausura del V Foro que llevaba el título: “¿La cocina como aliada para la vida familiar?”. Con gran sinceridad exhortó al público joven que llenaba la Sala a luchar por el ideal de la familia, implicándose de veras en lo cotidiano, apreciando los detalles menudos que llevan a cada persona a saberse única, apreciada, valorada.

Una vez finalizada la conferencia, el Jurado, compuesto por Álvaro Elúa, periodista de Canal 4 Valladolid, Carolina de Miguel, abogada y Javier Arribas, psicólogo, emitieron su fallo. En la categoría juvenil el Primer Premio correspondió a la ponencia titulada “¿Información gratuita?”, presentada por alumnas del Centro Educativo Arangoya de Bilbao, en la que realizaban un análisis de la prensa gratuita, con una llamada de atención al reflejo distorsionado de la realidad que ofrecían. En la categoría Junior, el Primer Premio recayó en el trabajo de título “Saborea la familia”, elaborado por un grupo de la Asociación Cendal de Valencia, y que versaba sobre la influencia positiva de las comidas en familia para los miembros de la misma.

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El alcalde de Burgos inauguró la glorieta “Josemaría Escrivá”, Fundador del Opus Dei

Publicado por opusdeivalladolid on Enero 29, 2008

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El sábado 26 de enero por la mañana el alcalde de Burgos, Juan Carlos Aparicio, inauguró una glorieta que lleva el nombre de “Josemaría Escrivá”.  La rotonda está situada en el nuevo barrio de la Celophane, en la confluencia del Paseo de Laserna y el Paseo de la Media Luna.

Estuvieron presentes en el  acto el vicario del Opus Dei en España, Ramón Herrando; el vicario para Castillla y León, Ángel Lasheras;  el Arzobispo de Burgos, Mons. Gil Hellín y Jaime Mateu, Delegado en Burgos de la Junta de Castilla y León, el Presidente de la Fundación Campolara, y otros representantes de iniciativas solidarias promovidas por el Opus Dei.

El acto, al que asistieron cientos de personas, se desarrolló en un clima festivo  y concluyó con el canto del himno de Bnrgos. Después de las intervenciones de monseñor Herrando y el Alcalde de Burgos se plantaron varios “arbustos para la paz”, queriendo señalar la universalidad de la Obra:

África: Cissé Mbongo y Annia Habimana, de la república democrática del Congo y dos kenianos. Plantaron un Junípero junto a Margarita Valenzuela y Josebe Soga, de Harambee.

América: Arturo León, de la Fundación Schola, Yabi Domínguez (Perú), Carla Carrasco (Perú), Rodrigo Soto (México) y otras personas de Brasil, Colombia, Perú, etc. Plantaron una Mahonia.

Asia y Oceanía: representaron a estos dos continentes Keitzuke, de Japón; y Angelo Porciúncula, de Filipinas. Plantaron un Pitósporo, arbusto procedente de China junto a Cristina García Gallardo, de la Asociación Arlanza y un representante de Cooperación Social en Burgos.

Europa: Donat Schipp, de Alemania; y Nevena Petrova, de Bulgaria. Plantaron una Piracanta junto a Carlos Ortega, del Banco de Alimentos de Burgos, y Maribel González, de Cauce.

Burgos: el Alcalde y un matrimonio burgalés plantaron un Cotoneaster. 

Posteriormente el Arzobispo y los vicarios de la Obra, junto a más de una veintena de sacerdotes, oficiaron una Misa de acción de gracias en la esplendorosa iglesia gótica de San Cosme y San Damián, uno de los templos en los que el Fundador del Opus Dei solía celebrar misa con frecuencia. La idea de dar el nombre del Fundador del Opus Dei a una calle en esa ciudad surgió en el año 2002, centenario del nacimiento de San Josemaría. En el año 2005, Carolina de Miguel propuso al Alcalde esta iniciativa en representación de diversas entidades y personas de Burgos, entre las que se encontraban: Fundación Cauce, Cartuja de Miraflores, Comunidad de religiosos Carmelitas, Asociación de antiguos alumnos en Burgos de la Universidad de Navarra, Asociación Arlanza, Centro cultural Tordomar, varios monasterios burgaleses de religiosas de Clausura, el Arzobispo Mons. Gil Hellín, Rafael Frubëck de Burgos, el superior de la comunidad de los Maristas de Burgos, etc. El Ayuntamiento decidió en el año 2006 dar ese nombre a una glorieta situada en un barrio residencial en fase de crecimiento. San Josemaría permaneció en Burgos desde enero de 1938 hasta marzo de 1939. Se cumplen ahora 70 años del comienzo de su estancia en esta ciudad castellana. Desde Burgos se desplazaba a otras localidades españolas para seguir en contacto con los miembros de la Obra y otros jóvenes que se dirigían espiritualmente con él y que se encontraban diseminados por la península, la mayor parte de ellos en los frentes de guerra. También eran muchos los que acudían a Burgos para estar con el joven sacerdote que tanto había influido en sus vidas y al que guardaban un particular cariño.  

Los biógrafos del Fundador suelen referirse a esta etapa como “la época de Burgos”. Ciertamente fueron años de intensa oración y penitencia en los que el Fundador fue perfilando la inminente expansión de la Obra por todo el mundo, una vez que concluyera la contienda. En esa ciudad terminó de escribir “Camino”, la más conocida de sus obras. También en Burgos trabajó su tesis doctoral en derecho sobre la abadesa de las Huelgas. 

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